27/6/11

Un momento para el que nunca se preparó

Por Juan Pablo Varsky
Publicado en CANCHALLENA

No lo puedo creer. Jamás pensé que tocaría escribir sobre esto. "Esto" es el descenso de River. El más campeón del fútbol argentino. ¿Cómo explicar este drama deportivo? Porque es un drama deportivo. Obviamente, primero están la salud, la familia, el amor y los amigos. Pero el fútbol es la más importante de las cosas menos importantes de la vida.
Se cierra un círculo. Los promedios, que lo habían salvado en 1983 cuando terminó penúltimo en el Metropolitano, lo condenaron a jugar la Promoción. En 1981, la impactante caída de San Lorenzo indujo a Julio Grondona a cambiar la manera de definir los descensos en Primera. No quería que otro grande perdiera la categoría por una mala temporada. Tras un 1982 de transición, los promedios comenzaron a regir al año siguiente. No se inventaron para rescatar a Ríver. Ese fue el efecto, no la causa.
Curiosamente ese año cayó Racing, primera víctima de un sistema naturalmente injusto que influyó en este 2011. Revisemos la progresión de Ríver en las últimas tres temporadas. En la 2008-2009, terminó último en el Apertura pero 15o en la general con 41 puntos. Sacó más que Argentinos (38), Independiente (39), Rosario Central (40) y los descendidos Gimnasia y Esgrima de Jujuy (38) y San Martín de Tucumán (40), castigado por el sistema. En la 2009-2010, volvió a tener una campaña mediocre pero le habría alcanzado para quedar a resguardo sin promedios. Sus 43 puntos superaron la producción de Gimnasia (37), Huracán (37), Tigre (32) y los relegados Atlético Tucumán (35) y Chacarita (32). En estos dos ejercicios, los cuatro equipos que bajaron a la B Nacional habían subido el año anterior. El molde se rompió en la 2010-2011. Dos de los tres ascendidos de Segunda sumaron en la temporada mucho más que la media de los recién llegados. All Boys de gran Apertura (51) y Olimpo de excelente Clausura (48) se escaparon de todo.
Esto nunca había ocurrido en el combo torneos cortos/promedios/promoción, vigente desde 2000. A pesar de sus 57 puntos y el quinto lugar en la general compartido con Arsenal, River debió revalidar su lugar en Primera ante Belgrano con 1,237 de promedio, el más alto para un equipo en esta instancia. Una instancia que nunca había imaginado y para la cual no se preparó, entre la negación y la subestimación. Más allá de este extraordinario escenario deportivo, el club ha sufrido una continua degradación.
En 2005, el pasivo era de 65 millones de pesos y en 2006, trepó a 98 millones, según los balances de Pistrelli, Henry Martin y Asociados SRL. Las deudas bancarias también crecieron, de 4 millones en 2005 a 10 en 2006. El club combinaba fragilidad económica con mediocridad deportiva. Los barras Schlenker y Rousseau se pelearon por plata y por poder. Había sido tan exitosa la política de integración modelo Aguilar que ambos quisieron quedarse con todo. Fue asesinado el barra Gonzalo Acro.
En 2007, la debacle institucional incluyó dos clausuras del estadio y una del club. José María Aguilar no se presentó a las elecciones de 2009. Con una inteligente campaña proselitista, Daniel Passarella supo perfilarse como su gran opositor, a pesar de haber sido su empleado en 2006 y 2007. Más preparado para ganar que para gobernar, heredó finanzas calamitosas. Pero lo sabía. Su vicepresidente Turnes y su tesorero Renzi formaron parte de la Comisión Fiscalizadora que le aprobó todos los balances a Aguilar. Anunció que se "acababa la joda". Garantizó inversiones milllonarias. Prometió una auditoría de la gestión anterior y enviar a la Justicia a los presuntos responsables de administración fraudulenta, sea quienes fueren. Aún no se conocen los resultados.
El viernes 12 de noviembre de 2010, se aprobó el balance correspondiente al período 2009/10, los últimos tres meses de la gestión Aguilar y los primeros nueve de Passarella. Reflejó el mayor déficit de un ejercicio en la historia del club y del fútbol argentino: 79.828.156 pesos. El pasivo alcanzó los 216.827.799 pesos. El pasivo corriente -las deudas a cancelar en un año- era de 191.721.760 pesos. El patrimonio neto cayó de 100.322.315 pesos a 20.494.059 pesos. Hoy, les debe más de 22 millones de pesos a los bancos.
El Fideicomiso, la gran promesa de Passarella para reforzar el plantel, nunca salió. Los jugadores han pasado mucho tiempo sin ver un peso. Sin embargo, este contexto influyó muy poco en el rendimiento del equipo a final del año pasado. Tras el cambio de DT (JJ López por Cappa), River sacó 12 de los últimos 18 puntos en juego en el Apertura y terminó con 31, cuarto y fuera de todo. Un balance tan bueno que el presidente eligió no contratar futbolistas para el Clausura, con la excepción del innecesario Bordagaray, una concesión al empresario Ranucci por refuerzos estelares que nunca llegaron.
Todo siguió igual de bien en 2011. En la novena fecha, River le ganó por 1 a 0 a Banfield con gol de Pavone y quedó como único líder con 18 puntos. No era Barcelona ni mucho menos pero ofrecía una idea reconocible: orden, intensidad defensiva, el solitario talento de Lamela para crear y la potencia de Pavone para crear espacios y definir. Con derecho, pensaba más en la consagración que en la promoción.
Sin embargo, colapsó de manera increíble. Después de aquel partido, sólo pudo ganar uno más, contra Racing. Terminó con nueve seguidos sin triunfos. El duelo con All Boys, rival directo por la permanencia, marcó el punto de inflexión. La debacle de su arquero Carrizo retrata la autodestrucción. Todos perdieron el control. Juan José López comenzó a revolear nombres y sistemas como quien toca las teclas de una computadora para repararla como sea. Enajenado, Daniel Passarella le pidió la renuncia a Julio Grondona por el mal arbitraje de Lousteau en el superclásico. Apenas días antes, le había solicitado dinero para un campeonato económico que no ganó. La deuda con los futbolistas supera largamente los 20.000.000 de pesos. Muchos dejaron de creerle y visitaron la sede de Agremiados para asesorarse. Tampoco los clubes confían y le reclaman por falta de pago. Cuatro empates consecutivos lo dejaron en la última fecha dependiente de Olimpo. La subestimación y la negación pesaron más que la chance concreta de jugar la Promoción.
El hecho consumado desnudó la improvisación del presidente y el entrenador. Siguieron los volantazos. Passarella se borró en Córdoba y luego sobreactuó su presencia en el Hindú Club vestido con ropa de entrenamiento, como si aún fuera el Gran Capitán. El DT dispuso un insólito equipo para la ida, lleno de pibes, muy tiernos para afrontar semejante instancia. Desamparados y sin la preparación mental para este histórico escenario, los futbolistas cometieron errores de principiantes. Adalberto Román hizo un penal de colegio secundario. Mariano Pavone remató otro con los ojos cerrados. No dieron tres pases seguidos. No podían. Díaz y Ferrero se chocaron entre ellos y le sirvieron el gol a Farré.
La situación superó a todos. A los hinchas que invadieron la cancha en Córdoba, tiraron bombas de estruendo en el hotel de Belgrano y rompieron todo; dentro y fuera del Monumental. A la AFA, que no le ordenó a Pittana suspender el partido tras la irrupción del enmascarado y sus secuaces. A la policía cordobesa que, en lugar de detenerlos, los acompañó gentilmente a tomar su lugar en la tribuna. Al Gobierno nacional que, a pesar de la indicación del Ministerio de Seguridad, decidió que la revancha se jugara con público con el riesgo de que ocurriera una catástrofe. A Sergio Pezzotta que se tragó un claro penal a Caruso e hizo equilibrio con las tarjetas.
El único que estuvo a la altura del acontecimiento fue el bravo Belgrano. Hoy celebra su regreso a Primera. Disculpas a los Piratas, que tampoco tienen noción de lo que hicieron. Sin dudas, merecen más espacio. Pero hoy toca escribir sobre el descenso de River. Aún con la injusticia de los promedios, la decadencia del club y el inesperado colapso, no lo puedo creer.

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