23/4/07

"Escribo cosas raras, muy raras"

Entrevista Haruki Murakami
Por Juana Libedinsky
Publicado por LA NACION


Son las cuatro y media de la mañana en la célebre Waikiki Beach, pero en el mar ya hay centenares de surfers esperando las olas perfectas que trae el amanecer. En tierra, sin embargo, en todo el hotel Halekulani, uno de los más tradicionales y glamorosos que dan a la emblemática playa de Hawai, hay una sola luz prendida: la de la habitación de Haruki Murakami que, como todas las mañanas, se levantó antes del alba para ponerse a trabajar.
Murakami, uno de los escritores japoneses más importantes e internacionalmente aclamados de la actualidad, autor de best sellers como Kafka en la orilla (2002), After Dark (2004), Underground (1997), Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (1994) y Tokio Blues (1987) entre otros, luego saldrá a correr y nadar ("Hawai es el paraíso para quienes somos triatlonistas", aclarará horas más tarde a LA NACION); almorzará, dormirá la siesta, escuchará jazz, traducirá clásicos contemporáneos del inglés al japonés y estará en la cama antes de las nueve.
"Escribo cosas raras, muy raras -reconoce respecto a sus historias, que mezclan realidad y fantasía, y que los críticos Occidentales han calificado de posmodernas-. Pero soy una persona muy realista. No creo en nada New Age : el horóscopo, el tarot, los sueños. Solo hago ejercicio físico, como sano, escucho música y trabajo. Sin embargo, cuanto más serio me vuelvo en la vida real, más extrañas son las cosas que escribo. Por eso uno de mis escritores favoritos es Manuel Puig, con esa imaginación tan libre. Encuentro un punto en común muy fuerte entre su literatura y la mía", comenta en un perfecto inglés, fruto de una temprana pasión por Hemingway, Scott Fitzgerald y la literatura americana en general, además de largas estadías en las universidades de Harvard y de Hawai como escritor visitante.
Parte de esa seriedad implica un total rechazo a su fama en el mundo de las letras y una total aversión a ser reconocido. "Tengo pánico a convertirme en una celebridad y tomo todas las medidas necesarias para que eso no ocurra. Nunca aparezco en la televisión, no voy a las fiestas -odio las fiestas-, no doy charlas, no tengo amigos famosos, no tengo amigos escritores, no aparezco en librerías para firmar mis libros, no uso Armani sino shorts y zapatillas siempre, y no dejo que me saquen fotos ni suelo dar entrevistas salvo casos como este. Como sé que las posibilidades de que tome elsubte en Buenos Aires son bastante escasas, no me importa volverme conocido allí. Pero lo que no quiero es que la gente me reconozca en el colectivo en Tokio o no poder ir a las tiendas de discos viejos en Estados Unidos", dice.
Por eso, extrema precauciones: una condición de la entrevista era que se desarrollara en la habitación de la cronista, a puertas cerradas de cualquier huésped. Y si bien Murakami (Kioto, 1949), que tiene un estado físico formidable y luce mucho menor que su edad, es encantador y entusiasta respecto a las fotos (acepta posar en el balcón del cuarto a pesar de su pánico a las alturas), es evidente su sensación de alivio cuando todo acaba y se pasa a una charla más íntima, sin grabador.
"Nunca entiendo por qué los medios quieren saber de mí, porque la mayor parte del tiempo no me siento nada especial -confiesa-. Puede haber cierta magia cuando escribo, pero el resto del día soy nada más que un amante del jazz como hay millones por ahí."

¿Cómo fue su primer encuentro con el jazz?
En un cumpleaños muy especial: mis 16, cuando mis padres me regalaron una entrada para mi primer concierto. Era 1964, y Art Blakeley y The Jazz Messengers estaban tocando en Japón. Fue un instante que cambió mi vida, porque jamás había escuchado música tan sorprendente, así que me volví un gran fanático del jazz y más adelante, un escritor al cual el jazz le enseñó todo.

También hubo un instante que cambió su vida cuando decidió ser escritor, ¿verdad? Usted escribió su primera novela, Hear the Wind Sing (1979), a los 30 años.
Exactamente. Estaba en un partido de baseball en Tokio, cerveza en mano, y al mirar al bateador pegarle a la pelota en una jugada clave y luego correr hasta la seguridad de la segunda base, me pasó por la cabeza la idea de que yo podía ser escritor. No se me había ocurrido antes. Con mi mujer regenteábamos un bar de jazz y como mucho había soñado con ser músico. Pero supe que podía hacerlo, solo que no tenía amigos con los cuales hablar de literatura ni nadie que me enseñase a escribir, así que tuve que basarme en lo que sabía, que para entonces era la música. Aún hoy, al sentarme frente al teclado de la computadora, pienso que estoy ante un piano y me pongo a tocar, y ya tres décadas después de haberme vuelto un escritor profesional, sigo aprendiendo mucho de la escritura de la buena música. Por ejemplo, todavía tomo la constante autorrenovación de la música de Miles Davis como modelo literario.

¿Cómo relaciona su escritura y la composición musical?
El ritmo es lo más importante porque es la magia, lo que invita a la audiencia a bailar y lo que yo quiero son lectores que bailen con mis palabras. No quiero que entiendan mis metáforas ni el simbolismo de la obra, quiero que se sientan como en los buenos conciertos de jazz, cuando los pies no pueden parar de moverse bajo las butacas marcando el ritmo. Luego viene la melodía, que en literatura es un ordenamiento apropiado de las palabras para que vayan a la par del ritmo y la armonía. Después llega la parte que más me gusta: la libre improvisación. Yo empiezo a escribir sin ninguna estructura, apenas con alguna imagen o una serie de personajes que me interesan. Así como los lectores, no puedo esperar a dar vuelta la página para saber qué pasa con esta gente que he creado, porque no tengo idea del argumento, simplemente dejo que la historia fluya libremente desde mi interior y me sorprendo a mí mismo. Por eso creo que la libre improvisación es simplemente llegar a la esquina sin aliento para ver qué hay al girar en ella, con un sentimiento de excitación que debería ser transferido a los lectores, lo mismo que la sensación de libertad. Esto ya es el punto final, la elevación, esa emoción que uno experimenta al completar su interpretación y sentir que ha alcanzado un lugar nuevo y significativo, que ha logrado mover a la audiencia del punto A al punto B, que la ha transformado y nunca volverá a ser la misma. Es una culminación maravillosa que no puede obtenerse de ninguna otra manera e implica que el lector o quien ha escuchado la música ya es otra persona. Cualquier libro que logra eso se ajusta a mi definición de un buen libro.

¿Qué libros lograron que usted se sintiera otra persona luego de leerlos?
Uff, muchos, Dostoievski, Kafka, Dickens, Scott Fitzgerald, Carver, García Márquez, Manuel Puig

Me sorprende que Puig sea el primer escritor argentino que menciona y no Borges, sobre todo porque varios críticos lo han comparado con él.
Borges es un gran escritor, pero nunca me sentí muy atraído por su trabajo. Por supuesto, es un honor la comparación, pero creo que la imaginación de Borges es, cómo decirlo, mucho más terrenal que la mía. En cambio, con Manuel Puig me siento muy identificado, tenemos una imaginación más posmoderna o contemporánea supongo. En los años 80 me la pasaba leyendo a Manuel Puig. La traición de Rita Hayworth la debo de haber leído infinidad de veces. Me gusta mucho la imaginación de Puig, tan libre que le permitió sobrevivir a pesar de ser una persona muy sensible y solitaria, que sufrió mucho. Encuentro un punto en común muy fuerte entre su literatura y la mía: el tema de la soledad. Como soy un hijo único, criado entre mis discos y mis gatos, pude entender su fascinación por el cine, porque se trata de un lugar muy íntimo donde uno puede establecer con los personajes de la pantalla las relaciones profundas que tanto cuesta entablar con las personas de verdad. Es uno de mis escritores favoritos y sin duda mi preferido de la literatura argentina. En cuanto a la música, por supuesto que el tango es muy popular en Japón y supongo que el sueño de cualquier músico de jazz siempre va a ser el de haber podido colaborar con Piazzolla. Pero a mí me gusta el Gato Barbieri que es a quien más escucho.

Lo atrae mucho la cultura popular
Sí, soy fanático de la serie Lost en televisión, hasta compré la casa en Hawai donde se filmó la primera temporada; la única otra serie que recuerde que me haya gustado tanto fue Twin Peaks , de David Lynch, hace años. Estaba tan obsesionado con el programa que no podía esperar el capítulo siguiente. Yo no soy un tipo inteligente de gustos sofisticados: me gustan las buenas historias y punto. Si una buena historia está en un libro o en la televisión, para mí es lo mismo, la admiro. Pero a las cosas intelectualosas sin una buena historia detrás no las admiro, porque no tengo gustos académicos: antes de ponerme a escribir tenía un bar de jazz donde yo preparaba los sándwiches y servía los tragos hasta la madrugada. Soy un mero trabajador, que disfruta de la cultura popular, mientras que la mayor parte de los escritores son unos esnobs que ni a mí me gustan ni yo les gusto a ellos.

¿Se inspira en la cultura popular?
Para mí la cultura popular, incluso la más comercial, es como una gran reserva natural de donde los escritores podemos tomar infinitos temas para establecer una comunicación directa con los lectores. Si yo tomo como título de un libro el de una canción de los Beatles, como en mi novela Norwegian Wood [en castellano, Tokio Blues ]), sé que a muchos eso les va a sonar y ya así se crea algún nexo entre nosotros. A la vez, la cultura pop es como el agua, y con algo tan simple como abrir la canilla podemos tomarla para nutrirnos. Es tan imposible escapar de ella, como del aire que respiramos. Todos comemos una hamburguesa de McDonald s, miramos la televisión o escuchamos a Michael Jackson. Es algo tan natural que ni siquiera nos paramos a pensar que todo eso es cultura. Por eso, si uno escribe sobre la vida en la ciudad -sea Buenos Aires o Tokio-, no incluir estas cosas sonaría falso. Supongamos que describo a una chica cualquiera que se despierta con una canción de Madonna y se va de compras al shopping , ¿qué tiene de especial eso? ¡Nada! Y justamente yo quiero que la gente sienta que lo que escribo no es forzado. Por eso tengo que colocar referencias a la cultura popular todo el tiempo. Y además, porque me gustan los Rolling Stones, los Doors, las películas de terror, los cuentos de detectives. No es que yo quiera escribir como quienes hacen la ficción más popular en cuanto a contenido, pero sí tomar las estructuras de la cultura popular y rellenarlas con cosas mías. El resultado es que ningún escritor me quiere, ni los que escriben novelas pasatistas ni los escritores serios. Yo estoy en un punto intermedio entre ambos, haciendo algo nuevo, pero creo que voy ganando territorio, porque los otros escritores no estarán de mi lado, pero los lectores sí.

¿Por qué hay tantos gatos en su ficción?
Supongo que porque soy un amante de los gatos, los perros no me interesan nada. Desde chico fue así, yo era muy solitario pero en casa había gatos que me acompañaban. Siempre fueron buenos amigos para mí y yo no los considero mis mascotas sino mis pares, incluso muchas veces mis superiores. Suelen decirme a su manera que son mejores que yo, pero a mí eso no me importa, más bien tiendo a estar de acuerdo con ellos.

Sus escenas de sexo son mucho más fuertes de lo que tradicionalmente se encuentra en la literatura japonesa contemporánea. Incluso, para muchos, usted es el escritor que mejor retrata el sexo hoy.
Escribo las escenas de sexo porque la actividad sexual nos ayuda a abandonar por un rato el mundo exterior y entrar en nosotros mismos. Es también una forma de comunicación y a la vez es algo festivo, que implica que hubo una historia detrás. Freud sostenía que todas las actividades humanas derivan del sexo. Mi entendimiento del tema es distinto, pero sí creo que el sexo es la puerta más común para entrar en las profundidades de la mente. Hay otras puertas, como la enfermedad mental o la creación, pero el sexo es la más fácil.

¿Y divertida?
Supongo que sí, en la mayor parte de los casos, pero no para quien escribe acerca de eso. Cuando empecé a escribir sobre sexo, 26 años atrás, me daba una vergüenza tremenda y me sigue costando horrores, no sé dónde meterme. Tampoco podía escribir escenas de violencia, pero practiqué y fui mejorando, supongo. Para mí, escribir de sexo o de violencia es lo mismo: es un desafío que me pongo, parte de la responsabilidad de ser escritor y retratar la vida. Me lo propongo como un ejercicio, como si tuviera que desarrollar unos músculos en particular antes de una maratón.

Se lo califica de escritor posmoderno, ¿qué quiere decir exactamente eso?
Supongo que tiene que ver con que no me interesan nada las historias realistas, por eso amo a García Márquez o Manuel Puig. Siento que mi trabajo como escritor es entrar en lo más oscuro de mi ser, explorar las zonas más peligrosas y raras de la mente sin ningún mapa o direcciones, para sacarlas a la superficie y ponerlas sobre papel. Ahora, si uno no puede volver a la superficie, es un infierno, entonces hay que estar bajando a las profundidades más aterradoras y volviendo a subir a cada rato para no quedar atrapado dentro de uno mismo. Hay que ser un buen corredor de distancias para hacerlo, es como meterse, una vez más, en una maratón.

De maratón usted entiende bastante, es un corredor casi profesional. ¿Cómo se vincula su entrenamiento físico con su escritura?
En general no pienso en nada al salir a correr, como mucho, escucho música. Muy cada tanto me aparece una idea y pienso, ¡sí! Pero básicamente correr es parte de mi rutina como escritor y escribir es parte de mi rutina como corredor. Hawai es la Meca de los triatlonistas, y participé hace poco del triatlón de Honolulu. Mientras me entrenaba, durante ocho meses, escribí mi última novela, que saldrá en breve. Me levantaba a las cuatro de la mañana, tomaba un café y salía a correr por una hora, volvía y me ponía a trabajar hasta la hora del almuerzo, luego hacía una siesta y a la tarde traducía y escuchaba música para refrescar la mente. A las nueve de la noche a más tardar ya estaba en la cama. Jamás hago vida nocturna mientras escribo. Todo el último año estuve invitado por la Universidad de Hawai y avancé mucho en mi escritura, sobre todo porque a diferencia de lo que ocurre en Tokio, aquí no suena el teléfono a cada rato. La gente viene de vacaciones a Hawai: yo vengo a correr y trabajar, dos de las cosas que más me gustan, por eso la paso tan bien.

A partir de ese momento en que está corriendo y se le ocurre una idea, ¿cómo se va formando una novela?
En general la idea es una situación muy pequeña. Por ejemplo, en mi última novela, After Dark , arranqué con una escena en la que una chica de 19 años está en un restaurant tomando un café y leyendo y un chico de 21 se le acerca y le pregunta si su nombre es tal, ella dice que sí, y él le dice: "Te conozco". A partir de eso, sentí que podía armar toda una novela. No sabía quién era el chico ni quién era la chica, pero con esa escena llegó la confianza de que podía hacerlo. Si uno quiere escribir un libro, esa confianza es imprescindible. Yo veo mi trabajo de escritor como un oficio de paciencia, en el que solo debo esperar a que llegue esa confianza para ponerme a escribir.

¿Y qué pasa si no llega?
Siempre sé que va a venir, al menos, así me ha ocurrido en los últimos 25 años. Mientras tanto, siempre tengo traducciones para hacer, cuentos cortos y ensayos para escribir. A veces hasta intuyo cuándo va a llegar la inspiración. Mi última novela la empecé en las últimas Navidades, pero el verano anterior ya sabía que la haría e incluso que iba a ser muy larga. No puedo contar más porque es un secreto hasta que salga publicada en unos meses, pero insisto en que es un secreto muy gordo...

¿Cómo sabe si un libro suyo es bueno?
Dependo enteramente de mi mujer. Ella no escribe nada, pero es una crítica implacable. Cuando algo no le gusta, me lo dice y lo voy cambiando, en general, tres o cuatro veces hasta que me da el OK. A veces, pero muy pocas, un manuscrito le gusta tal cual se lo entregué, y entonces se lo llevo directamente al editor. Confío plenamente en ella. Además, cuando algo le gusta mucho, ¡después cocina unas cosas fantásticas para mí!

Su trabajo de traductor no es menor. Se dice que Raymond Carver es conocido en Japón porque usted lo tradujo. Y una flamante traducción suya del Gran Gatsby colocó la novela de Scott Fitzgerald en la lista de best sellers
Carver es un gran escritor que también hubiera llegado a ser conocido en Japón sin mi intermediación, pero reconozco que ayudé y con placer. Me gusta mucho traducir, me limpia la mente. No podría traducir a otros escritores posmodernos como yo (por ejemplo, Don DeLillo o Thomas Pynchon), ya que su propia locura chocaría con la mía. Pero Carver, Fitzgerald o Irving, grandes realistas que requieren una lectura muy precisa, son fantásticos para pasar al japonés porque, al tener que analizarlos tan de cerca, me van enseñando sus secretos.

Como ensayista ha escrito trabajos fundamentales para entender el Japón de hoy. Underground, el libro que hizo sobre los ataques con gas en el subte de Tokio, que mataron a casi un centenar de pasajeros, resonó mucho, en especial después del once de septiembre. ¿Cómo fue ese trabajo y qué paralelos ve entre ese atentado y lo que ocurrió en EE.UU?
Obviamente existe un fuerte paralelo entre ambas tragedias. Uno siente que la vida en la ciudad, las rutinas, se desarrollan sobre un piso firme y de repente se comprueba que no hay forma de escaparse del mundo más aterrorizador y oscuro, que uno puede estar entrando a trabajar como todos los días y de pronto la gente empieza a morir a nuestro alrededor. Es un escenario surrealista para la mayor parte de nosotros, y en el caso de Japón, yo quería realmente tratar de entender qué había pasado. Había leído todo lo que salió publicado en los diarios, pero no me era suficiente, necesitaba hablar con los sobrevivientes cara a cara y que ellos me contasen su historia. Lo sentía como parte de mi responsabilidad de escritor. Si mi habilidad es la de poner voces sobre papel, tenía que hacer que la de ellos perdurase, así que me encontré con las 64 personas, varias horas con cada uno. Fue una experiencia muy interesante. Los que colocaron el gas sarin que mató a tantas personas en teoría deberían haber sido los personajes más interesantes para un escritor. Pertenecían a un culto, de alguna manera eran idealistas en busca de un concepto más alto de Dios y la humanidad. Pero yo quedé fascinado por la gente común, sus víctimas. Eran personas con las que yo no tengo nada que ver y de quienes no podría ser amigo, gente aburrida que se mata trabajando, que vive pequeñas vidas en los suburbios. Pero me di cuenta de que podía amarlos, si no personalmente, como una fuerza, de la misma manera como un escritor ama a sus lectores. Y entonces me di cuenta también de la necesidad de escribir buenas historias. Porque, en el fondo, los miembros del culto, los terroristas, se habían creído una historia, una historia equivocada, que los llevó a matar. Yo creo que los escritores tienen la responsabilidad de llenar el mundo de historias buenas, que sirvan para acercar gente. Esto no tiene nada que ver con que esas historias contengan sexo o violencia como ingredientes. Lo que importa es que el mensaje final sea bueno para la sociedad. Las historias son demasiado poderosas como para que lo olvidemos.

6/4/07

Pegarle a un maestro

Por Mex Urtizberea
Para LA NACION

Lo sabe un chico de cuatro años, de salita celeste, que ni siquiera sabe hablar correctamente.
Lo sabe un chico de seis años, que ni siquiera sabe escribir.
Lo sabe un chico de doce años, que desconoce todas las materias que le deparará el secundario.
Lo sabe un adolescente de diecisiete años, aunque sea la edad de las confusiones, la edad en la que nada se sabe con certeza.
Lo saben sus padres.
Lo saben sus abuelos.
Lo sabe el tutor o encargado.
Lo saben los que no tienen estudios completos.
Lo sabe el repetidor.
Lo sabe el de mala conducta.
Lo sabe el que falta siempre.
Lo sabe el rateado.
Lo sabe el bochado.
Lo sabe hasta un analfabeto.
No se le pega a un maestro.
No se le puede pegar a un maestro.
A los maestros no se les pega.
Lo sabe un chico de cuatro años, de seis, de doce, de diecisiete, lo saben los repetidores, los de mala conducta, los analfabetos, los bochados, sus padres, sus abuelos, cualquiera lo sabe, pero no lo saben algunos gobernadores. Son unos burros.
No saben lo más primario.
Lo que saben es matar a un maestro.
Lo que saben es tirarles granadas de gas lacrimógeno.
Lo que saben es golpearlos con un palo.
Lo que saben es dispararles balas de goma.
A los maestros.
A maestros.
Lo que no saben es que se puede discutir con un maestro.
Lo que no saben es que se puede estar en desacuerdo con lo que el maestro dice o hace.
Lo que no saben es que un maestro puede tener razón o no tenerla.
Pero no se le puede pegar a un maestro.
No se le pega a un maestro.
A los maestros no se les pega.
Y no lo saben porque son unos burros.
Y si no lo saben que lo aprendan.
Y si les cuesta aprenderlo que lo aprendan igual.
Y si no lo quieren aprender por las buenas, que lo aprendan por las malas.

Que se vuelvan a sus casas y escriban mil veces en sus cuadernos lo que todo el mundo sabe menos ellos, que lo repitan como loros hasta que se les grabe, Se les fije en la cabeza, lo reciten de memoria y no se lo olviden por el resto de su vida; ellos y los que los sucedan, ellos y los demás gobernadores, los de ahora, los del año próximo y los sucesores de los sucesores, que aprendan lo que saben los chicos de cuatro años, de seis, de doce, los adolescentes de diecisiete, los rateados, los bochados, los analfabetos, los repetidores, los padres, los abuelos, los tutores o encargados, con o sin estudios completos:

Que no se le pega a un maestro.
No se le puede pegar a un maestro.
No debo pegarle a un maestro.
A los maestros no se les pega.


Sepan, conozcan, interpreten, subrayen, comprendan, resalten, razonen, interioricen, incorporen, adquieran, retengan este concepto, aunque les cueste porque siempre están distraídos, presten atención y métanselo en la cabeza: los maestros son sagrados.

28/3/07

La pasión por Zeami Fushikaden (cuento nipón)


Para Samantha Berger

I

Para nadie era un secreto que en la obra de Teatro No de nombre Hanjo (en la traducción al español se le hace llamar La Dama Han) el personaje Nochojite (mujer de verdadero nombre Hanago en el papel de loca) era ejecutado espléndidamente por el mismo Zeami Fushikaden, autor y director de la obra.


II

La expresión corporal que demostraba Zeami sobre el escenario (normalmente Zeami hacía buen uso de una vieja técnica de danza oriental) más el perfecto uso que daba a la máscara de tipo Koomote, era motivo suficiente para convencer al público de la fragilidad de ese personaje-mujer al borde del delirio, lo cual provocaba una enorme sensibilidad en el público.


III

Por la perfección y belleza de la obra, Hanjo fue repuesta en más de dos ocasiones en el viejo Teatro de Arima, Hyogo, Japón. Con un éxito completo en todas sus funciones. Por supuesto que este éxito no dejaba de tener relación con el sentido del rito que el Teatro No hasta ahora despierta en el público japonés.


IV

A lo largo de todas las temporadas, y en todas las funciones, era común ver en los asientos preferenciales a una joven de la nobleza llamada Sachiko Nobushige, quién amaba este tipo de Teatro, sobre todo las piezas que el propio Fushikaden escribía y actuaba.


V

Una de las reglas que siempre se ha implantado en el Teatro No es que todos sus participantes: actores, músicos, coro, y hasta auxiliares, deben ser exclusivamente varones. Nunca hasta el día de hoy se ha aceptado el ingreso de una mujer, a menos que sea en el papel de espectadora, como en el caso de la joven Sachiko Nobushige.

Pasar por encima de esa regla se considera un delito grave. Esto puede significar, incluso para la persona que falta a esta ley, a no volver a ver ni a participar de ninguna manifestación del No.


VI

Dentro de los ayudantes de escena, sólo uno estaba destacado para atender a todas las exigencias del personaje que caracterizaba Zeami Fushikaden. Este rol lo cumplía a la perfección un muchacho de nombre Tetsuro, primo lejano de Zeami.


VII

A pesar de encontrarse detrás del escenario, Tetsuro ya se había percatado, al igual que Zeami, de la constante presencia de la joven Sachiko. Y es que a pesar de su labor, Tetsuro no dejaba de mirar a la admiradora de su maestro. Pero sólo la parquedad de Tetsuro hacía dudar de cualquier gusto que él pudiera tener sobre ella.


VIII

Para Sachiko no hay momento más esplendoroso que ver a Zeami ejecutar su papel de mujer loca. Y es que en esa posición de actor, no deja de estar presente - sobre todo para ella - la idea de que Zeami sigue siendo un escritor detrás de una máscara. Una máscara que cubre el verdadero rostro del autor de esos diálogos tan bien escritos.


IX

Una vez terminada las funciones, no resultaba nada raro para Tetsuro ver completamente desnudo a su maestro Zeami. Eso no le molestaba en lo más mínimo, así como tampoco le molestaba limpiar el sudor que abundaba sobre la frente de su maestro una vez que se despojaba de la máscara del personaje Nochojite. Tal vez sea irrelevante decirlo, pero en algunas ocasiones, mientras Tetsuro cumplía su función, Zeami no mencionaba ni una sola palabra.


X

Una vez fuera del teatro, y al haberse despedido de todos los correspondientes, Zeami tomaba camino hacia su casa, seguido por Tetsuro que, como ya era costumbre, llevaba el maletín con todas las cosas personales del maestro. Y a pesar de que vivía a unas cuadras antes de la casa de Zeami, Tetsuro, siempre fiel, lo acompañaba hasta la puerta de su casa, cerciorándose de que todo terminase bien.


XI

Todo aquel recorrido que realizaban Zeami y Tetsuro, era seguido con suma cautela por Sachiko, que no dejaba de guardar cierta distancia para que el dramaturgo y su acompañante no se dieran cuenta de su presencia.


XII

Cabe mencionar que el modesto barrio donde vivían Zeami y Tetsuro, no se comparaba en nada a las calles donde quedaba la lujosa casa de la familia Nobushige, la cual se caracterizaba por tener sembradas una moderada cantidad de abetos al lado de la acera.


XIII

Sólo en una ocasión se dio el caso de la ausencia de Tetsuro. Aquella vez Zeami se las arregló para atenderse asimismo durante el transcurso de la obra. Una vez terminada la función, el mismo Zeami recogió todas sus pertenencias y las colocó en su maletín. Se despidió del resto del elenco, así como de los invitados y algunos concurrentes que se acercaban para felicitarlo. Una vez librado de todos esos seguidores, Zeami tomó el camino hacia su casa sin permitir que nadie lo acompañara. Como era de suponer, esa vez Sachiko lo siguió como lo hacía cada noche.


XIV

En todo el camino, Sachiko procedió a seguir mucho más de cerca a Zeami sin importarle que esta vez él se diera cuenta de su presencia. Los pasos que ella daba se producían casi como un eco de los pasos de Zeami. Esto hizo que en más de una ocasión el dramaturgo volteara constantemente la mirada. Esto por lo común ocurría en las calles desérticas que tomaba Zeami para llegar a su casa.


XV

Una vez en la puerta, Zeami se detuvo a observar a Sachiko, que sin ningún temor permaneció a sólo unos metros de él. Después de un largo momento de silencio, Zeami hizo un gesto de invitación a Sachiko para que ingresara a su casa. Como era de esperar, Sachiko aceptó la invitación. Una vez dentro, y después de una larga conversación, Zeami pidió permiso para lavarse las manos con el fin de servir la merienda. En ese momento, y tal vez con el mayor atrevimiento, Sachiko cogió las manos del dramaturgo y las acercó al agua, frotándolas una y otra vez con sus propias manos. Sin saber por qué, este acto de aseo que hacía Sachiko en las manos de Zeami, le hizo recordar al dramaturgo la dedicada labor que realizaba Tetsuro cada vez que estos dos se encontraban solos. Por supuesto que ese hecho nunca lo daría a conocer.

19/11/06

Jaime Durán Barba: la política erotizada

Por Laura Di Marco
Publicado en LA NACION


El ecuatoriano Jaime Durán Barba es algo así como un Dick Morris latinoamericano. Asesora en imagen a Mauricio Macri desde hace algunos años y fue el mentor del "salto al bache" en la campaña legislativa de 2005; allí, el presidente de Boca aparecía sorteando pozos en las calles porteñas, como una demostración, en clave de show mediático, de la ineficiencia de Aníbal Ibarra, su rival del año pasado.
Convengamos en que a Macri no le fue nada mal en la última vuelta electoral: salió primero. Y a Durán Barba tampoco le va nada mal este año: sus dos clientes más famosos, candidatos presidenciales ambos, con sesgo de centroderecha, el presidente electo de México, Felipe Calderón, y el candidato ecuatoriano, el millonario Alvaro Noboa, se impusieron en las elecciones de sus respectivos países.
La vida de Durán Barba es novelesca. Vivió y estudió en la Argentina en los setenta; llegó a enamorarse del peronismo de izquierda de aquellos años y como militante de la JP estuvo entre los jóvenes que fueron a buscar a Perón a Ezeiza, en su trágico regreso al país.
"Todo ha cambiado desde entonces, menos los políticos, que siguen diciendo las mismas cosas desde hace 50 años. No se dan cuenta de que a la actual generación de votantes le importa como tema político central el sexo. A un pibe le inquieta más que su pareja quede embarazada que cómo paga la Argentina su deuda externa. De allí que le importa saber si el candidato aprobará o no la píldora del día después, o si está a favor o en contra de la educación sexual. Esta sociedad nueva, con el reinado de Internet, nos ha llevado a una erotización del mundo. Y es en ese plano donde se están definiendo nuevas izquierdas y derechas."

Pero los políticos están muy lejos de abrir esos debates, aunque también es cierto que hemos tenido temas bastante más urgentes en la Argentina a partir de 2001 .
Son debates que todavía no se han incorporado en América latina, no sólo en la Argentina. Los políticos mayores de 50 años no fijan su posición frente al aborto, los homosexuales o la necesidad o no de casarse para formar pareja. Tienen miedo de hablar de sexo; creen que no es de buen gusto; que no es importante. Hasta ahora, había que hablar del "Che" Guevara.

¿Y usted lo va a alentar a Macri para que vaya en ese sentido?
Cada candidato recorre su camino y tiene su estilo. Hay toda una caricatura que se ha armado del asesor, que trata a su cliente como si fuera una marioneta. Esto no es así. Es más, yo no trabajo con políticos sin personalidad. Con Mauricio charlamos; él es un hombre muy inteligente, que sabe escuchar y escucha, pero también discute mucho. Yo planteo opciones y él decide. Un asesor nunca debe imponer sus puntos de vista.

Es algo así como un psicólogo, digamos .
Sí, me voy acercando a eso

Hay gente que ve en Macri un costado frívolo. De hecho, ésa es la grieta que aprovecha el oficialismo para llamarlo despectivamente "Mauri" o mandarlo a Estados Unidos, ¿cómo se arregla eso?
Pues, ¡vamos! Yo creo que eso es sensacional.

¿Qué cosa es sensacional, ser frívolo?
Macri no es un tipo acartonado, como podría serlo -con el debido respeto- Lavagna. Y esa es, precisamente, su fuerza, como lo es, también, en Telerman. La gente quiere políticos creativos, diversos, no confrontativos. Eso los pone en el siglo XXI.

¿En cuánto lo ayuda a Macri, en nuestra sociedad, su estilo de escasa confrontación?
En mucho. El estilo confrontativo puede dar rédito, pero es provisorio y finalmente es un problema. Forma parte de la sociedad machista antigua, que empezó a morir en los 50. A partir de entonces, la sociedad occidental se hizo femenina.

¿Confrontar es machista?
Si, claro, tiene que ver con la pelea de los machos alfa, que se disputaban la hegemonía a mordiscos. Eso sucedió desde nuestros antepasados, los homínidos, hasta que la mujer y sus valores se incorporaron al mundo público. Desde entonces, muchos valores machistas se vienen derrumbando. Y si antes era prestigioso ser cazador; hoy es prestigioso ser ecologista. Si antes era muy macho un niño que golpeaba a todos los demás, hoy, cuando golpea al segundo niño, va al psicólogo.

Pero mire que a nuestro presidente no le está yendo nada mal como macho alfa...
Porque estamos en la transición, y todavía hay machos alfa que tienen éxito. Pero si se asoma otro, con una propuesta muy positiva, muy moderna, va a empezar a empatar con los nuevos electores. Sobre todo, con las mujeres y los jóvenes.

Entonces, usted le aconseja a Macri que no ataque al Gobierno.
En principio, sí. Gana el candidato que más soluciona los problemas de la gente, no el que más muerde a los otros machos alfa. Además, estamos ante un presidente con una enorme popularidad y que, encima, es buen comunicador. La gente piensa: ¿odia al tipo que a mí me cae bien? No es una buena idea: puede generar un efecto adverso.

Caramba, ¿y qué piensa hacer, entonces, con Macri, en semejante contexto?
(Pensativo) Esa es la pregunta del millón Yo creo que Macri tiene un espacio importante, pero a la vez, en el 2007, enfrentará un gran desafío, porque Kirchner tiene altísimas posibilidades de ser reelegido. Claro que en política nada está firmado nunca. En Ecuador, Correa ya estaba gobernando, y salió segundo (NdR: en Ecuador está pendiente el ballotage).

La oposición está debatiendo si se une o no en 2007. Macri es partidario de no amontonarse, ¿usted qué le aconseja al respecto?
Antes, quiero aclarar que yo no tengo la misma ideología que Macri, ni siempre comparto la forma de pensar de mis clientes. Con Mauricio coincidimos en algunas cosas y en otras, no. En este caso, coincidimos. Si lo que articula a un montón de políticos es fastidiar a Kirchner, no es una buena propuesta. Sobre todo porque a la mayoría no le interesa destruir a su presidente, y menos a éste. El eje siempre es que la gente sienta que los gobernantes pueden servirles. Ahora, si se forma una coalición coherente, de personas que tienen una propuesta capaz de ofrecer muy buenas soluciones, bueno, eso va a tener sentido.

Usted antes decía que Kirchner es un buen comunicador, ¿por qué?
Bueno, por ejemplo, cuando pagó la deuda con el Fondo, desde el punto de vista de los economistas puede ser discutible, pero para el ciudadano común de América latina, que es la inmensa mayoría, la Argentina pagó toda su deuda externa, cosa que no es cierta, pero no importa: como imagen del Gobierno, es buenísima.

O sea que lo importante, según los asesores de imagen, no es lo que pasa realmente sino lo que parece que pasa.
A ver. El buen funcionamiento de la economía no produce, automáticamente, réditos políticos. Fíjese el caso de Alejandro Toledo, en Perú: la economía peruana creció espectacularmente durante su presidencia y, sin embargo, fue uno de los presidentes más impopulares. ¿Por qué? Porque no sabía comunicarlo y llegó al récord de tener sólo el siete por ciento de aceptación popular.

Es amigo y fue asesor del ex alcalde de Bogotá Antanas Mockus, "uno de los comunicadores políticos más espectaculares de los últimos tiempos", según Durán. Mockus posó totalmente desnudo, sentado sobre una piedra como "El Pensador" de Rodin, para su foto oficial de la muy conservadora capital colombiana.

No me diga que se viene Macri posando desnudo para la campaña de 2007
(Se ríe a carcajadas) No; no. Cada cual con su estilo. Creo que a Macri le viene bien ser Macri.

¿Y cuánto le paga por su trabajo?
Con Mauricio somos amigos, no hay, digamos, una relación contractual.

No esperará que creamos que trabaja gratis para Macri, ¿o sí?
Es que no es un acuerdo convencional. Mauricio me paga los viajes, los hoteles

Bueno, ya que no nos quiere contar, lo llevo a un plano más general, ¿cuánto cuesta una campaña electoral para un asesor de su nivel?
De cero a un millón de dólares.

Ahora, Durán, este abordaje de las campañas, ¿no convierte a la politica en un mero show mediático, sin contenido?
¿Y por qué la política tiene que ser un entierro?

Un entierro, no, pero de ahí a entronizar la imagen a costa del contenido hay una gran distancia
En nuestra profesión tratamos de comunicarnos con los electores comunes. En las campañas, el votante que más nos interesa es el menos instruido. Una persona que lee el editorial de LA NACION no nos interesa para nada porque ya está decidido.

A esos no los define que Macri salte un bache.
No; ni que Kirchner haga una gran propuesta: son los votos duros; el electorado informado, que no es más que el diez por ciento en América latina.

¿Y el resto? ¿Qué mueve a votar a la mayoría?
Imágenes y sentimientos; no vota con su cabeza. Aunque, ojo, tampoco los intelectuales, ni los informados, votan con su cabeza. No existen las decisiones frías, racionales. En la política hay sentimientos muy fuertes en juego. Cuando un socialista y un capitalista discutían no decidían qué es mejor en base a libros; discutían fe. Uno primero es católico y después se entera en qué hay que creer para serlo. En las generaciones pasadas, un gorila nunca veía bien a un peronista y viceversa. La gente ha votado por amor a Péron.

Pero no votaría por amor a Macri, ¿o sí?
No crea; Macri, a favor o en contra, genera pasiones. Hay gente que detesta a Macri y hay otra a la que le fascina: es un candidato que polariza. Y Boca lo ayuda mucho para eso.

¿Es bueno que polarice?
Claro que sí. El drama sería que no generara reacciones ni a favor ni en contra. En ese caso, tendría las mismas chances de ser presidente que mi abuelita.

¿Usted le aconseja que se presente en la ciudad o a nivel nacional?
Esa es una decisión muy de él. Creo que son dos caminos igualmente posibles.

En el caso de que Macri ganara en la ciudad, ¿no sería complicado gestionar con un gobierno nacional en contra, que además intentaría, a toda costa, frenar la aparición de un polo opositor?
En ese caso, Kirchner también saldría dañado. Es más, estoy seguro de que, si hiciéramos la pregunta, la mayoría querría que Macri y Kirchner fueran aliados para que resolvieran los problemas de la gente. Al ciudadano común, cualquier otra cosa, le resulta muy secundaria.

1/10/06

Un moralista incómodo

Por Nicolás Schuff
Publicado en TEATRO

El dramaturgo noruego Henrik Ibsen nació en 1828 y murió en 1906. Fue poeta, y escribió sus primeros dramas en verso. Pero su teatro –de artesanía bella, hábil e innovadora, fundamental en el desarrollo de la dramaturgia moderna– no abunda en pasajes de gran vuelo lírico. Es, por llamarlo así, un teatro de tesis, filosófico. De corte claramente realista en sus comienzos, incorporó con el tiempo elementos del simbolismo. Su eficacia sobre el escenario es admirable y rotunda.
La idea de esta propuesta con Alejandro Tantanian no era poner una obra de Ibsen, ni escribir un texto original sobre él, sino trabajar en parte con fragmentos de sus dramas. Esos textos, escasamente “poéticos”, y tan bien imbricados entre sí en cada obra, ¿funcionarían así, recortados, desgajados? Además, no serían actuados sino leídos.
Ibsen (Fragmentos, cartas, misceláneas) no es, en todo caso, una obra de teatro. Tampoco es un simple montaje de escenas. De manera algo fragmentaria y libre, intentamos dar cuenta de ciertos temas e inquietudes que recorren la totalidad del corpus del dramaturgo. Son temas e inquietudes que anticipan en muchos sentidos a los que recorren el siglo veinte, y llegan hasta hoy. Como escribe Claudio Magris, de la obra de Ibsen “emergen con extraordinaria anticipación muchos de los motivos que retornarán durante decenios en la literatura de la crisis burguesa: la divergencia entre vida y espíritu, o bien entre arte y vida, sentimiento y forma, exigencia moral e impulso vital, libertad caótica y orden represivo, deber y placer; la precariedad del sujeto individual y sobre todo de su unidad psicológica; la antítesis entre vida pública y ética privada, entre interioridad y objetividad social; la irónica contradicción entre la exigencia kantiana de una personalidad autónoma individual y la conciencia de que esta última se halla férreamente determinada por las relaciones sociales”.
La lectura de Ibsen es muy estimulante. Conmueve, extraña, hace pensar. Sondea las conciencias con penetración e ironía, y arrincona y confronta valores establecidos que hoy, con otras formas, siguen tan vigentes como entonces. Es una voz que perdura en el tiempo porque aún vibra y hace vibrar. Es eso que llaman un clásico.
Para confeccionar Ibsen..., dejamos que esa voz, esos personajes y esas ideas, tan poderosas, fueran atrayendo hacia sí, como imanes, diferentes elementos. Asociándose con otras palabras, otras imágenes, sonidos. Pensamos el trabajo como una especie de fresco. Quisimos que de a poco, a través de impresiones no necesaria o evidentemente relacionadas entre sí, se dibujara una figura.
Ibsen fue un idealista y un moralista incómodo. Vivió siempre, por así decir, con un pie afuera, como corrido de lugar. Es un rasgo que, a poco que se recorre su más bien lisa biografía, reaparece y destaca con la insistencia de un destino. De niño, su familia cayó en bancarrota y tuvo que dejar la ciudad para mudarse al campo. Pocos años más tarde, Ibsen abandonó el hogar paterno. Se mudó de ciudad. Trabajó en una farmacia. Quiso ingresar en la universidad, pero sus recursos se lo impidieron. Ningún editor se interesó por su primer obra. Amó a una joven cuya familia no aprobó la unión. Al fin abandonó Noruega y regresó 27 años más tarde.
Con el tiempo obtuvo fama, el amor de una mujer, la holgura material. Pero eso no detuvo su progresivo y general desencanto.
En sus últimos dramas –por ejemplo El constructor Solness, Juan Gabriel Borkman y Cuando despertemos los muertos, hoy poco leídos y representados– sometió sus propias ideas a un examen crítico lúcido y feroz. Son dramas más breves y directos, crudos, precisos como cuchillos, tan buenos como descarnados y opresivos; tan estimulantes y desolados como las cumbres blancas donde mueren, en la última escena de su última obra, aplastados por un alud, sus últimos personajes (Rubek e Irene; el artista y su “musa”).
Por entonces, Ibsen ya había perdido la confianza en la capacidad de la palabra para representar la realidad, indudable en sus primeros trabajos. Era plenamente conciente del abismo abierto entre la vida y su representación. Así, entra al siglo XX con plena carta de ciudadanía.
“Vivir”, escribió, “es luchar contra los demonios del corazón y del cerebro”.
Pasó sus últimos años sin escribir, víctima de una hemorragia cerebral, al cuidado de su esposa. Cuentan que le gustaba observar la calle desde la ventana de su estudio.
Allí lo imaginamos para empezar a confeccionar este trabajo. De pie, mirando por la ventana. Su propia imagen se refleja en el vidrio y se confunde con las figuras del exterior. Otra vez, y como siempre, adentro y afuera. Ibsen recuerda. Interroga el porvenir. Quizá ya no con dolor, sino con cierta desilusionada, melancólica perplejidad.

27/9/06

Tragedia y parodia

Todos los grandes hechos de la historia universal se repiten dos veces. Una vez como tragedia y la otra como parodia.



Karl Marx
El dieciocho brumario de Luis Bonaparte

24/9/06

Salí (pero abrigate)

Por Cecilia Sosa
Publicado en RADAR

Hubo un tiempo en que la comunidad judía en la Argentina tuvo su propio star system: teatros llenos, galanes, divas, nombres que movían multitudes, marquesinas de lujo, puestas porteñas que viajaban a Europa y Nueva York, autores, obras originales y clásicos... todo en idish (hasta Shakespeare). Ahora, el libro Localidades agotadas recupera 105 de los afiches que sobrevivieron al atentado a la AMIA y que hoy son piezas de colección que encierran anécdotas, celebridades y hasta conexiones con la mafia de aquella época de oro.

Difícil no sucumbir ante el encantado mundo de mafiosos y prostitutas que recrea El rufián moldavo, la novela de Edgardo Cozarinsky que persigue las huellas de una misteriosa obra de teatro idish por los confines del tiempo y la ciudad. Pero aun cuando el escritor jura haberlo fabulado todo, o casi todo, la historia parece conspirar a su favor. Ahora, una meticulosa investigación visual viene a correr el velo tendido sobre aquella época no tan lejana en la que la comunidad judía local llenaba las míticas salas del Teatro Excelsior, el Ombú, el Mitre y el Soleil (e incluso el Luna Park), para asistir a improbables representaciones de obras clásicas de la literatura universal o ignotas, cómicas o dramáticas, tiernas o sulfurantemente pedagógicas –todas ellas habladas en idish (¡hasta Shakespeare!)–, donde se producía esa extraña mezcla de asimilación y diferencia de la paisanada local.
Un equipo interdisciplinario con sede en la Fundación Iwo recuperó miles de afiches, sobrevivientes al atentado de la AMIA, y los acaba de publicar en el libro Localidades agotadas. En total, 105 posters que iluminan ese increíble período teatral que va desde 1901 hasta 1940 y que constituyen una ventana única a sus divas y divos, su particular marca estética, sus traspiés ortográficos, su sorprendente profusión de géneros y hasta la conexión mafiosa que a principios de siglo ocultaban su marquesinas de brillante neón.
A pedido de Radar, la historiadora Silvia Hansman (archivista de la Fundación Iwo), la antropóloga Susana Skura y la diseñadora gráfica Gabriela Kogan, autoras de Localidades agotadas, repasaron afiches e hicieron una colorida e intensa selección.

20/9/06

Balzac dixit

Cuanto más infame es su vida, más la valora el hombre,
y entonces es una protesta,
una venganza de todos los instantes.
La verdadera belleza radica en lo corrupto.


El sufrimiento empieza con la comprensión.

17/9/06

Calixto Bieito y su versión de "Plataforma" de Michel Houellebecq: Mejor y más lejos que el original

Por Begoña Barrena
Publicado en EL PAIS (España)

Hay novelas que se quedan grabadas para siempre y no hay versión, teatral ni cinematográfica que las supere, y otras, las más, de las que sólo queda una bruma, el recuerdo fugaz de un tono, un estilo, un discurso. Plateforme de Michel Houellebecq (2001) pasó en, mi caso, a formar parte de la larga lista de novelas sin subrayar y, por tanto, prescindibles. El desencanto del personaje protagonista, Michel, por la vida en general y la suya en particular, —un escepticismo que quedaba compensado con una obsesión casi enfermiza por el placer sexual—, sus descripciones de sus escapadas a los peep-shows, de sus encuentros con prostitutas, de sus viajes de turismo sexual al continente asiático sin más emoción que la del propio orgasmo hacían de él un tipo algo mezquino y de su discurso, una fina ironía hueca y exenta de interés. Pues bien, el montaje de Calixto Bieito Plataforma, con el subtítulo Poema dramático hiperrealista para siete voces y un Yamaha, basado en la novela, es de los que condensan, rearman el material original y consigue, con el resultado, llegar más allá. La magnífica maquinaria escenográfica, una plataforma giratoria con una estructura central que divide el espacio y proporciona los claustrofóbicos rincones en los que discurre la acción de la novela en clave simbólica o realista, está al servicio de una estructura coral de la trama —gran trabajo, el de Bieto y Marc Rosich, responsables de la adaptación y de la dramaturgia—,y permite a Bieito desplegar en ella su lenguaje escénico habitual que, dado el contexto, aquí es tratado con mucha sutileza. Junto al protagonista, interpretado por Juan Echanove, que fue galardonado con el Premio al Mejor Intérprete en la pasada edición del Festival Internacional de Edimburgo, seis personajes, presentes en todo momento sobre el escenario, dan voz entregando su cuerpo a los puntos de vista que reafirman o complementan al del propio Michel sobre las relaciones entre Oriente y Occidente, el tema de fondo. Y así, girando con la plataforma, componen entre todos una partitura tan dura como atractiva.
Juan Echanove está sencillamente magnífico. Es el Michel que no vi en la novela. Con unos añitos más —40 parecían pocos para estar tan de vuelta de todo—, un dominio absoluto de la situación que le permiten desenvolverse con una naturalidad asombrosa, y estamos hablando de escenas muy íntimas, Echanove da pleno sentido al vacío de su personaje. El resto del reparto sabe estar a la altura, por corta o simbólica que sea su intervención. Lluís Villanueva no tiene mucho papel, pero lo clava. Carles Canut es básicamente un saber estar y un saber llevar esa enorme barriga al descubierto. Lo mismo con Mingo Ràfols y su camisa hawaiana. Boris Ruiz, siempre tan carismático. Y ojo con las chicas: Marta Domingo, más guapa que nunca, es la Valérie de la novela, el único personaje que le da la réplica a Michel y que, en escena, se las compone con gran soltura. Atención también a Belén Fabra, porque no es sólo una belleza que se pasea desnuda.

15/8/06

17 seconds


17 seconds of compassion

17 seconds of peace

17 seconds to remember love is the energy behind witch all is created

17 seconds to remember all that is good

17 seconds to forget all your hurt and pain

17 seconds of faith

17 seconds to trust you again

17 seconds of radiance

17 seconds to send a prayer up

17 seconds is all that you need



Smashing Pumpkin's Adore

Charles Bukowski: tres poemas

amor y coraje

la que me gustaba era ésa en la que Cagney
peleaba en el ring
a pura piña
así podía ganar guita
para que su hermano tuviera lecciones de música
el hermano quería ser
pianista clásico
le habían dicho que tenía
gran talento
pero los dos venían del barrio
pobre, y
Cagney tenía que subir al ring
una y otra vez
para conseguir guita y ayudar a que su
talentoso hermano
se conviertiera en pianista
Cagney pierde incluso a su chica
y la película termina con el hermano
que lo logra
(en el Carnagie Hall, si mal no recuerdo)
Y Cagney
hecho papilla y ciego
en su puestillo de diarios
escuchando por la radio
el concierto de su hermano
y, por supuesto, la chica está en el concierto
adorándolo, los ojos muy abiertos
mientras Cagney pone sus manos sobre
un calentadorcito
solo en medio del frío
escucha la radio
mientras su hermano toca el piano
Cagney
no sabe nada de música
y
oyendo el aplauso final
cree que
todos los golpes que le dieron
valieron la pena


causa y efecto

los mejores a menudo mueren por
su propia mano
sólo para huir,
y aquellos que quedan atrás
nunca pueden entender
por qué alguien
querría
huir
de
ellos.



nota sobre la construcción de las masas

alguna gente es joven y nada
más y
alguna gente es vieja y nada
más
y alguna está en el medio y
sólo en el medio.

y si las moscas usaran
ropa
y todos los edificios ardieran en
fuego dorado,
si el cielo se sacudiera como
en la danza del vientre
y todas las bombas atómicas empezaran a
gritar,
alguna gente sería joven y nada
más y
alguna gente vieja y nada
más y el resto sería lo mismo
el resto sería lo mismo.

los pocos diferentes
son eliminados bastante rápido
por la policía, por sus madres, sus
hermanos,
y otros
por sí mismos.

lo que queda es lo que
ves.

es duro.

Steve Jobs, una conferencia


Texto de la conferencia que dio Steve Jobs, Director Ejecutivo de Apple Computer y Pixar Animation Studios, el 12 de Junio de 2005 en la Ceremonia de Graduación —Commencement— de Stanford.
Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestra iniciación en una de las mejores universidades del mundo. Nunca me gradué. A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria. Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.

La primera historia versa sobre cómo se conectan los puntos.

Dejé Reed College después de los seis primeros meses, pero después seguí por allí por libre otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo de veras. Entonces, ¿por qué lo dejé?

Comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una titulada universitaria joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer. Solo que cuando aparecí decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña. Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a media noche preguntando: “Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?” “Por supuesto”, dijeron. Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día iría a la universidad.

Y 17 años más tarde realmente fui a la universidad. Pero de forma descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres de clase trabajadora los estaba gastando en mi matrícula. Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo. Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien. En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca haya tomado. En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban, y comencé a meterme en las que parecían interesantes.

No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos del depósito para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 Km los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna. Me encantaba. Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante.

Os daré un ejemplo: en aquella época el Reed College ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano. Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía. Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre combinaciones de letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía. Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante.

Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, volvió a mí. Y diseñamos el Mac con todo dentro. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni tipos con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía, y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen. Por supuesto que era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase. Pero era muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.

Otra vez: no se pueden conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo — tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.

Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.

Tuve suerte — supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados. Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30. Y me despidieron. ¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado? Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a divergir, y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se puso de su parte. Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria. Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido, y fue devastador.

Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había dado de lado a la anterior generación de emprendedores – que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard [de Hewlett Packard] y Bob Noyce [inventor del circuito integrado, Intel], e intenté disculparme por haberla fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle [Silicon Valley]. Pero algo comenzó a abrirse paso en mí — aún amaba lo que hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.

No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado. Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida.

Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi esposa. Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, regresé a Apple, y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.

Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes. El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideráis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hacéis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os conforméis. Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis. No os conforméis.

Mi tercera historia es sobre la muerte.

Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.

Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque prácticamente todo — las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso — se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante. Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir al corazón.

Hace casi un año me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un barrido a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable, y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir prepárate a morir. Significa intentar decirle a tus hijos todo lo que ibas a contarles en los próximos diez años en unos pocos meses. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.

Viví todo un día con ese diagnóstico. Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vieron las células al microscopio los médicos comenzaron a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía. Me operaron, y ahora estoy bien.

Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual:

Nadie quiere morir. Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo. Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto.

Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro. No os dejéis atrapar por el dogma — que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior. Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición. De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario.

Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Meno Park, y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años de que llegara Google: era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos.

Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número. Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad. En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autoestop si fueseis así de aventureros. Bajo ella estaban las palabras: “Sigue hambriento. Sigue atolondrado”. Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue atolondrado. Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de nuevo, os deseo eso.

Seguid hambrientos. Seguid atolondrados.

Muchísimas gracias a todos.

A Night Like This

Say goodbye on a night like this
If it’s the last thing we ever do
You never looked as lost as this
Sometimes it doesn’t even look like you
It goes dark
It goes darker still
Please stay
But I watch you like I’m made of stone
As you walk away

I’m coming to find you if it takes me all night
A witch hunt for another girl
For always and ever is always for you
Your trust
The most gorgeously stupid thing I ever cut in the world

Say hello on a day like today
Say it everytime you move
The way that you look at me now
Makes me wish I was you
It goes deep
It goes deeper still
This touch
And the smile and the shake of your head

I’m coming to find you if it takes me all night
Can’t stand here like this anymore
For always and ever is always for you
I want it to be perfect
Like before
I want to change it all

I want to change

Staring at the Sea: The Singles
The Cure. Released: May 1986.
Elektra

3/8/06

notas