4/7/98

Copi y “La mujer sentada”

Por Pablo Lettieri

Su verdadero nombre era Natalio Damonte Taborda, pero el mundo lo conoció como Copi. El minúsculo apodo se lo dio su abuela, autora en los años '20 de algunas comedias ligeras, debido a que era tan blanco como un 'copito de nieve'. Nació en Buenos Aires en 1939 pero desde muy joven eligió vivir en París, tal vez adivinando que no podría desplegar toda su locura creadora entre nosotros. Y desde allí desarrolló una obra caracterizada por la diversidad, tanto de lenguajes como de recursos y géneros: escribió historietas, cuentos, novelas, poesía. Pero fue el teatro el que le permitió concebir con mayor libertad una escritura poética sin complejos, con un estilo irreverente y provocador, en el cual lo cómico y lo trágico se unen de manera casi imperceptible. Como Pirandello, Copi veía a la vida como un gran escenario. Y a los artistas como ratas que se alimentan de los desperdicios, de lo que la sociedad desecha. O mejor, de lo que la sociedad esconde, oculta, margina. Por eso fue la muerte una de sus mayores obsesiones. Y la mostró desnuda en el escenario gracias a todo su delirio y su  humor negro y burlón. Que no abandonó ni siquiera cuando en 1987 se moría de sida en un hospital de París porque, burlándose de su propia muerte, la llevó a escena en su obra póstuma: Una visita inoportuna. Marilú Marini y Alfredo Arias fueron sus amigos, también argentinos consagrados en París, quienes más dieron a conocer su obra en Francia y quienes traen ahora a Buenos Aires La mujer sentada, una obra surgida de un personaje de historieta aparecido en los '60 en las revistas Tía Vicenta y Cuatro patas y que fuera el primer contacto de Copi con el mundo intelectual argentino antes de radicarse en París. Opinadora sin moral y poseedora de una ignorancia genial, la mujer sentada habla sobre sexo con una violencia inusitada y puede ser cómica, poética y hasta metafísica sin siquiera proponérselo.

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