28/10/10

La suma de sus actos

Por Juan Forn
Publicado en PAGINA 12

Cuando llegamos a vivir a Gesell con mi mujer y mi hija, hace ocho años, alguien que había elegido este lugar unos cuantos años antes que nosotros nos dio sin darse cuenta un consejo invalorable. “En un pueblo chico nadie es anónimo, todo lo que hacés tiene nombre y apellido”, nos dijo. Y a continuación agregó algo que quizá parezca una gigantesca obviedad, pero para mí ha sido un consejo invalorable, no sólo para nuestra inserción en el pueblo, sino para encarar la vida en general: “Lo que importa es el promedio. Lo que importa es que lo que des prime sobre lo que te guardás”. Entre las infinitas cosas que se dijeron ayer sobre Kirchner, hubo una frase comodín que repitieron unos cuantos: “Ningún hombre público es impoluto”. Yo prefiero la manera gesellina de decirlo: lo que importa es el promedio, y para mí Kirchner sale bien parado de ese balance en todos los escenarios en los que puede juzgárselo. Incluso en lo que queda pendiente, por la sencilla razón de que en los siete años K se hicieron más cosas en esa dirección que en cualquier otro gobierno en mucho tiempo. “¿Cómo te podés conformar? ¿No preferirías algo mejor?”, insistían los que hasta ayer le negaban todo mérito. Pregunta ociosa, además de capciosa: primero debería haber algo mejor, lo que da para discutir un buen rato. Pero incluso en el caso de que haya algo mejor, eso se deberá a lo que se hizo desde 2003 hasta ahora: todas esas cosas que van a quedar cuando nos hayamos olvidado de la hojarasca con que fueron desacreditadas en su momento por el “caranchaje cloacal”, como lo definió ayer con extraordinaria expresividad Federico Luppi.
La oposición que más atónito me dejaba de todas las que generaba Kirchner era la de esa gente que uno pensaba del palo: los amigos que se nos hacían súbitamente irreconocibles por esa crispación irracional, esa necedad con que le negaban no sólo todo mérito sino todo propósito político que no fuese la acumulación de poder por el poder mismo (o, peor, el mero enriquecimiento). La peor de esas necedades fue ver como defecto el mayor acierto de los Kirchner: la decisión de ambos de funcionar como una pareja política, de ocupar la presidencia como una cabina de doble comando. Por eso fue el mejor gobierno que tuvimos en mucho tiempo: porque eran dos, porque eran diferentes, porque supieron desdoblarse de tal manera que es imposible saber a ciencia cierta cuánto hubo de uno y cuánto del otro en cada una de las buenas decisiones que tomaron.
La más miserable y asqueante de las cosas que se dijeron en estas horas sobre la muerte de Kirchner (a mi gusto peor que las de Rosendo Fraga, Van der Kooy, Julio Blanck, Lanata, Cobos, Bergoglio y siguen las firmas) la dijo Morales Solá en La Nación. Simulando ofrecer información fidedigna, dice que el encuestador en quien más confiaba el Gobierno llamó “desesperado” cinco días antes de la muerte de Kirchner porque acababa de concluir una encuesta a nivel nacional que daba resultados no sólo negativos sino irremontables para el Gobierno. “No hay ninguna posibilidad de cambiar el curso de las cosas, hermano. Esto está terminado”, dice Morales Solá que concluyó el conocido analista. Y agrega: “Una vida sin poder no era vida para Néstor Kirchner. Por eso, quizá, su vida y su poder se apagaron dramáticamente enlazados”. ¿Qué diferencia hay entre ese supuesto ejercicio de análisis político y el inmundo mensaje anónimo que circuló por Internet ayer, pocos minutos después de conocerse la noticia de la muerte de Kirchner: “Primer resultado del censo: hay un hijo de puta menos”?
Es evidente que Kirchner se murió porque no quiso, no supo o no pudo aflojar la autoexigencia con que trabajaba y hasta respiraba. Pero no fue ni ahí porque se rindiera, porque creyera que había perdido. En todo caso fue porque, con su legendaria vehemencia, se dio cuenta de lo que hacía falta a partir de ahora. Quizá sintió que no era tan malo morirse si así le abría más camino a Cristina; quizá tuvo los huevos de acero de pensar que sólo así la sociedad podría entender de una vez todo lo que se ha hecho bien en estos años; quizá supo que no había otra forma de que se nos hiciera más nítida la idea de futuro que él tenía tan clara y al resto tanto nos cuesta imaginar. De todas las maneras que existen de honrar la memoria de un muerto, la mejor es sentirlo presente por la suma de sus actos. Y eso es lo que buena parte del país está sintiendo hoy por Néstor Kirchner.

El iluminador

Por Sandra Russo
Publicado en PAGINA 12

Lo había votado, pero a regañadientes. Se votaba sin esperanza. Ni siquiera uno llamaba traición a las traiciones. Eran más bien tradiciones, parecían como las vueltas de la vida o la humedad. Me acuerdo bien del 2003. Con que se fuera Duhalde estaba bien. Llorábamos a Kosteki y Santillán. Y la lucha cotidiana, desde mi trabajo, era intentar hacer ver a los desocupados como hombres y mujeres que hacían piquetes, no como piqueteros. Era hacer ver en los cartoneros a los desesperados, no a los ladrones potenciales.

Estábamos hechos mierda. Eramos ruinas. No teníamos ni trabajo ni orgullo ni líderes. Es sorprendente cómo consiguió ese poder en las sombras, ese siniestro poder que nadie vota, ese que hoy conocemos, convencernos de que todo era más o menos lo mismo, y que era beige. Es sorprendente el daño que le hizo y le sigue haciendo a este país una generación política que no tiene retorno de la entrega irrestricta de sus convicciones.
Creíamos que era inútil esperar cambios de la política, que la política era ese deporte sin reglas que jugaban y siguen jugando tantos. Y mientras todo era lo mismo, nos iban traicionando uno por uno.
En estos años, Kirchner pasó a ser Néstor, un privilegio del lenguaje y de su cercanía, un premio a esas ideas con las que llegó a la Rosada y que llevó adelante contra toda la adversidad que eligió enfrentar. Néstor fue el primer presidente que gobernó este país defendiendo con los dientes los pilares de lo que él concibió como un proyecto nacional y popular, de génesis peronista pero de alcances más amplios, y fue también el que sabía que había que esculpir lo maravilloso sobre la arcilla mugrienta que éramos.
A Néstor le debemos el regreso triunfante y orgulloso de la política. Y si no lo escribo ahora que se murió, no estoy siendo leal con lo que creo. Néstor fue un regalo de la historia, un sobreviviente de una generación decapitada, un disidente de la lucha armada que guardó en su corazón, no obstante, durante años, los sueños de ellos, que eran los mismos que los suyos, los de su compañera y los de tantos y tantos más.
No por casualidad uno de los pilares de su proyecto era el recambio generacional y la formación de nuevos cuadros. Los que nos sacarán de encima la chatura y la ignorancia que hoy reina en el Congreso serán los nuevos dirigentes, los que hoy aparecen de a racimos en el kirchnerismo, pero es de esperar que surjan también en todas las otras fuerzas, para que alguien recoja el guante de la discusión política a la que Néstor nos invitó, y la pluralidad no sea la excusa, como es usada ahora, para asfixiar una vez más un brote de poder popular.
Desde el día en el que hizo descolgar los cuadros de los asesinos, se hizo evidente que él hacía cosas que nadie antes había hecho, y no porque era imposible, sino porque faltaba estrategia, coraje, confianza, autoridad. Le achacan autoritarismo. A la autoridad de un presidente constitucional le llamaban autoritarismo. Siempre le han llamado como quisieron a todo. Néstor nos ayudó a renombrar nuestro mundo, el del nuevo paradigma, el mundo de nuestros sueños.
Recuerdo ahora una columna que escribí justo antes de aquellas elecciones desesperanzadas del 2003, escrita en el dolor del naufragio y la amargura de comprobar que nuestra sociedad se pliega en nichos de profundo individualismo y mezquindad. Se llamaba “Imagino”, y decía que después de todo lo que uno sueña para su pueblo es una vida que incluya el trabajo, un desayuno con algo calentito y pan con miel, un techo, un cumpleaños, un regalo para el Día del Niño. Decía que ahí, en esa escena privada de cualquier argentino vulnerable, en ese movimiento de regreso a la equidad, estaba el motor de nuestros sueños.
Con Néstor descubrimos que esa escena privada que replica la felicidad de un pueblo depende del líder apropiado, pero también de una correspondencia, un intercambio de lealtad entre ese liderazgo y los sectores que representa. Hoy hay una nueva generación de militantes que se suma a militantes de otras generaciones que nunca habían encontrado una expresión política que hablara por ellos. Su entrega final quizá nos diga la importancia de lo que está en juego.
No tengo más que gratitud hacia el hombre que, como un iluminador en un cine muy oscuro, nos señaló el camino, no para hacer inevitable algún tropiezo, sino para advertirnos que sí, que hay un camino

Para el universo cultural, una pérdida que deja huellas

Juan Gelman (poeta): “Le estaré eternamente agradecido a Néstor Kirchner por sus aportes al esclarecimiento de las desapariciones en mi familia. Fue un político de garra, creador de un proyecto de país nuevo que siguió impulsando a pesar de todos los obstáculos que los intereses de siempre, más atentos al bolsillo que al pueblo argentino, levantaron y levantan ahora ante la Presidenta. Kirchner estableció que el respeto de los derechos humanos es una política de Estado y terminó con el muro de plomo de la impunidad que gobiernos civiles anteriores no supieron o no quisieron tocar”.

David Blaustein (cineasta): “Es muy difícil hablar, pero hay una sensación enorme de congoja, tristeza, angustia. Es también una enorme pena por lo que Cristina debe estar atravesando en este momento y, a la vez, tengo la certeza de que tiene la fortaleza espiritual y la capacidad de gestión para salir. Por otra parte, tengo la certeza de que algunas imitaciones trágicas que están buscando algunos no van a suceder. No va suceder la Década Infame como después de la muerte de Yrigoyen, ni el golpe del ’55 como después de la muerte de Evita, ni lo que vino después de la muerte de Perón. Hay millones de argentinos que han sido depositarios de ciertas políticas públicas durante estos años que no van a permitir que venga cualquier tipo de retroceso. Uno ve en algunos diarios digitales algunos caranchos que intentan sobrevolar y me parece que la sociedad argentina es otra. Estamos avanzados institucionalmente como para que eso no suceda. Y espero que no suceda”.

Joan Manuel Serrat (músico): “He conocido tanto a él como a la Presidenta y he estado con ellos en diferentes circunstancias y situaciones. La noticia ha sido una sorpresa muy desagradable. Trabajó cerca de los derechos humanos y peleó para que se devolviera la dignidad arrebatada a mucha gente. Hay que estar muy atentos frente a lo que pueda pasar en la Argentina”.

Liliana Herrero (música): “Nos quedamos sin Néstor y no es poco, es mucho y abismal. Tuvo coraje e ideas, pensó la Argentina desde el viento frío que viene del Sur. Nadie esperaba su irrupción y sin embargo llegó con desparpajo, desmarcándose del político clásico. A los músicos nos recibió, nos escuchó y nos dio las herramientas que necesitábamos para trabajar y pensar en nuestra profesión. Abrió el camino tantas veces dejado atrás, para pensarnos sin las políticas malditas de los ’90. Y nos legó a su compañera, que necesitará más que nunca de nosotros para acompañarla con responsabilidad en la profundización de este modelo”.

Aída Bortnik (guionista): “Esta enorme y abismal pérdida significa mucho dolor para todos los argentinos, significa también que no somos un país con muy buena suerte. Como en el dicho campero, las malas yerbas no mueren y un hombre como Kirchner sí. Recibió un país en estado catastrófico y lo recuperó desde el punto de vista moral, económico y de los derechos humanos. Recuperó el liderazgo para la Argentina. Fue un ejemplo de cómo debe comportarse un presidente. Durante su presidencia y la de Cristina los jubilados recibieron dieciocho aumentos: durante los diez años de presidencia del nefasto Menem los jubilados recibieron descuentos. Hay momentos inolvidables, como cuando le ordenó al jefe del Ejército descolgar el retrato de Videla. Su presidencia está llena de momentos clave para nuestra historia. Prometió que no se iba a pagar deuda con hambre de los argentinos, y cumplió. El país cambió gracias a él y a Cristina, que siguió su línea política y profundizó los cambios. Cristina dijo que hay que redistribuir la riqueza. Y el día que la oí, sentí un miedo verdadero, profundo, como un pinchazo en el corazón. Pensé que esas cosas se hacen pero, ¿decirlas? ¿Y en esta Argentina? ¿Y una mujer? No se lo perdonaron nunca. Imagino que para ella es una pérdida de la que es imposible recuperarse plenamente porque, además, se querían. Era evidente que se querían. Yo estoy de duelo, lloré mucho al enterarme, me enojé mucho con nuestra suerte. No tengo consuelo. Lo necesitábamos. Yo quiero que Cristina sea presidenta, pero lo necesitábamos y ella también”.

Vicente Battista (escritor): “La noticia nos quebró. Justamente el día en el que estamos contando cuántos seres humanos hay en el país, se nos va uno de los grandes. Porque fue un grande. Para evaluar su mérito no hay más que revisar los hechos de los últimos años. Kirchner y Cristina supieron –aunque varios no se dieran cuenta– cumplir deseos que los que cargamos con un par de años teníamos pendientes desde hace décadas. Desde quitar los retratos de los genocidas que colgaban en las paredes de las dependencias oficiales hasta la Asignación Universal por Hijo o el juicio y castigo a los culpables. Y esto lo sostengo incluso desde una postura marxista: Kirchner representó a nivel nacional el fenómeno que se viene dando en el resto del continente, esa amalgama entre izquierda e identidades populares que tantas satisfacciones nos ha dado y nos dará. Ahora ya se ven venir a los Solá, los Eliaschev y sus imitadores, trayendo sus hipocresías. Hoy más que nunca hay que transmitirle fuerza a la Presidenta”.

Litto Nebbia (músico): “Siento mucha pena y tristeza, no puedo creer que se haya ido. Cuando alguien que uno quiere se marcha, se lleva consigo un secreto. Uno de los misterios de la vida. Sus seres queridos quedan muy apesadumbrados, casi sin entender nada. Es uno de los momentos donde el que se fue sabe mucho más que uno. Pienso en la fuerza espiritual que tiene que tener su familia. Especialmente Cristina, compañera de vida en todo el proyecto político. En este momento, todo mi cariño y mi oración es para ella, para sus hijos y allegados más queridos. Ojalá la gran mayoría del pueblo argentino sepa acompañar este momento, para darle fuerza y dinámica a la cantidad de innovaciones que han gestado para nuestro país. Un periodista me preguntó si sentía un poco de desesperanza por este suceso. No se me cruza ningún pensamiento de desesperanza, si bien me apena la pérdida. Mi deseo es que Cristina pueda continuar con mucha más fuerza el camino iniciado, porque ése será el deseo de Néstor”.

Felipe Pigna (historiador): “Se va una persona de mucho peso político y una gran capacidad de lucha y confrontación con sectores con los que muy poca gente se metió en la historia. Murió un personaje político muy importante, un hombre que instaló en la agenda cosas que estaban por fuera de lo que fueron los ’90, como los DD.HH., el posicionamiento de la Argentina en el exterior y un modelo económico con prioridad en la producción, el consumo y las políticas sociales. A diferencia de otros momentos históricos dramáticos que vivió la Argentina, hay una herencia, una persona en condiciones de continuar la tarea. Hay que acompañar a la Presidenta y fortalecer el modelo”.

Adrián Caetano (cineasta): “Es un garrón, porque era un tipo clave en el panorama de la política argentina. Lo que quiero pensar y creer también es que se ha gestado un gobierno en base a ideas. Y más allá de la pérdida, quiero pensar que hay bases sólidas como para que esto no dependa sólo de una persona. Espero que se haya construido algo como para que la pérdida de Kirchner no sea la de un espacio de debate inteligente que se estaba gestando. Algunos amigos tienen una postura derrotista de que ahora se viene la derecha. Yo no quiero pensar eso”.

Eduardo Sacheri (escritor): “Es prematuro abrir cualquier juicio sobre el sentido de lo que ha ocurrido. Lo único que puedo afirmar es que esta muerte es una pérdida, porque la persona que se fue siempre mereció mi respeto. Y me inquieta pensar que puede haber sectores que reciban este hecho con beneplácito”.

Abelardo Castillo (escritor): “Pueden gustar o no sus ideas, pero es incuestionable su carisma como político. Igualmente, creo que es muy prematuro hablar de lo que aportó a la tradición de líderes políticos de la Argentina. ¿Cómo podemos saber hoy el poder de su legado si se lo compara con Sarmiento o con Perón? Hay que esperar un poco para poder evaluar políticamente lo que significó. Lo más sensato es reflexionar y no politizar a partir de esta desaparición. No podemos saber lo que significa un hombre hasta que pasan muchos años de su ausencia... todavía hoy casi ni sabemos lo que significó Rosas para la historia argentina”.

Luis Felipe Noé (artista plástico): “No me cabe la menor duda de que es una noticia impactante políticamente, porque no se trata sólo de un ex presidente sino casi del actor número uno de la política argentina. No creo que cambie el juego político porque él no era presidente en este momento y está la Presidenta, continuadora de una misma línea. Creo que va a conmover más a los opositores que a los partidarios, porque les cambia el juego. Era una persona muy respetable por todos los cambios que hizo, especialmente en el dominio de los derechos humanos. Creo que va a pasar realmente a la historia, pero confieso que su estilo político a mí no me gustaba, ese permanente atropello a los que no piensan lo mismo. Pero creo que incluso en la historia va a quedar como un actor número uno, más que como un presidente. Como sucedió con Alfonsín, que muchos empezaron a revalorizar su figura a partir de su muerte, creo que va a pasar algo parecido. En esa misma medida, va a cambiar el juego de la oposición”.

Graciela Borges (actriz): “Me dio una profunda pena. Pienso mucho en la Presidenta. Espero que Dios la ilumine. Me avergüenza sentir que hay gente que se puso alegre, que tocaba bocina. No puedo creer que un ser humano que quiera bien su país y su vida (porque la política está impresa en cada acto de nuestra vida) tenga una acción así, esté o no a favor de Kirchner. Me puso muy triste. Yo sé poco de política, pero esperamos que todos los políticos que tanto hablan estén a favor de la Presidenta en este momento y la ayuden. Hay gente que es muy valiosa y sería bueno que esté al lado de ella”.

Víctor Laplace (actor): “Es una de esas pérdidas demasiado importantes como para hacer un balance inmediato. Lo único que puede hacer uno es hablar de las acciones políticas que han constituido Néstor y este modelo también: los logros, las medidas que tienen que ver con tantas cosas de la Justicia, la fraternidad latinoamericana. Toda esta cosa que pasó con Latinoamérica es algo muy fuerte y él tuvo mucho que ver. Es difícil hablar con este dolor, pero hay que tener presente el futuro. Cristina ha demostrado en múltiples ocasiones su entidad de cuadro político, de estadista del proyecto nacional. Y tanto ella como Néstor se han sobrepuesto a las derrotas: a la 125, a la derrota electoral de 2009, a un vicepresidente no positivo. Y se sobreponen aumentando la apuesta, poniendo el cuerpo. Cuando llegan estos momentos, uno se pone a revisar las pérdidas, las viudeces del peronismo, y está de duelo pero también orgulloso con todo lo que se hizo y lo que queda por hacer. Siempre lo vi todo el tiempo escapándose de la custodia para ir a tocar a la gente. Fue un tipo que sacó de nuevo a la luz los gestos de la Juventud Peronista”.

Rodolfo García (músico): “No tengo dudas de que el período de gobierno iniciado por Néstor Kirchner y que continúa hasta nuestros días fue el mejor de todos los que me tocaron vivir. Y lo digo desde mi apartidismo. Modificó nuestra tradicional postura genuflexa de país inclinado ante los poderosos de la tierra. Puso al Estado en su verdadera función luego de aquel remanido y machacante verso noventista de que ‘achicar el Estado es agrandar la Nación’. Se plantó ante las corporaciones empresarias, eclesiásticas, mediáticas y demás sin titubear, y siempre en defensa de los que menos tienen. Honró el compromiso asumido en su campaña electoral respecto de la defensa de los DD.HH. y de que tengamos una Corte Suprema de Justicia independiente. Recuperó el dinero de los jubilados que estaba en manos de timberos de las finanzas, y muchas cosas más. Cuando los músicos tuvimos un conflicto por la reglamentación de una antigua ley que nos perjudicaba, le pedimos una audiencia. Nos recibió dos veces en un mes. En la primera nos dijo: ‘Cuando uno se equivoca, lo primero que tiene que hacer es dar la cara’. En la segunda nos anunció la derogación de la reglamentación. Una actitud opuesta a la imagen autoritaria que cierta oposición construye maliciosamente. Quedan aún muchas cosas por hacer y tengo fe en que la marcha no se detendrá. Pero lo extrañaremos”.

Florencia Peña (actriz): “Es difícil encontrar reemplazo para él. No puedo parar de llorar. Quiero creer que su muerte va a servir para algo. Espero que la muerte de su compañero le dé fuerzas a Cristina. Y no me olvido de algunos hipócritas que escribieron editoriales matándolo en vida. Hubo periodistas muy crueles”.

Horacio Fontova (músico): “Se murió alguien que necesitábamos muchísimo, no sólo aquí sino en toda América latina. Se murió el querido Néstor, y la súbita tristeza es enorme. Se murió y no fumaba, pero él tenía otros grandes vicios: la pasión y el coraje. Los que lo llevaron a hacer los grandes cambios que quedarán inscriptos en los anales de la historia, por más que quieran ser desesperadamente disimulados por los eternos mezquinos. La pasión y el coraje compartidos con su compañera Cristina, con quien consiguió que podamos ver una luz de esperanza sobre el destino de nuestro país. Hoy es un día de mucha tristeza y sólo se la puede superar todos juntos y con más fuerza que nunca”.

Esther Goris (actriz): “Ahora debemos militar aún con más fervor del que lo hicimos, porque es nuestro deber de lealtad y solidaridad hacia Néstor continuar con el proyecto de dignidad e inclusión que puso en marcha y que continúa Cristina”.

Marián Farías Gómez (música): “Los que tenemos más de 50 habíamos perdido la ilusión de que un país mejor era posible, y de pronto llegó alguien de quien apenas conocíamos su nombre y casi nada de su historia militante. Llegó con pocos votos, pero casi de inmediato comenzó a demostrarnos que se podían recuperar la dignidad y la confianza, que sólo había que tener la decisión de poner las cosas en su lugar, trabajar sin miedos, oponerse a los que siempre nos dominaron desde afuera, decir NO a las imposiciones absurdas de los prestamistas internacionales... y la historia de nuestro país comenzó a cambiar, los DD.HH. fueron por fin derechos, las Madres y Abuelas fueron escuchadas, la memoria (como debió ser siempre) protagonista permanente y no sólo un libro, las crisis internacionales casi no nos rozaron, los jubilados comenzaron a sonreír, allanó durante cuatro años un camino hasta ese momento lleno de malezas para que Cristina pudiera continuar la tarea cada vez más intensamente, la protegió, evitó que los buitres la acorralaran, juntos como cuando eran estudiantes hicieron posible la jubilación móvil, la asignación por hijo, bajaron la mortalidad infantil. Su salud le llamó la atención varias veces, pero no le hizo caso: estaba decidido a cumplir con todo por lo que luchó cuando formó parte de la Juventud Peronista, allá en los ’70 en La Plata y, claro, su cuerpo no era invulnerable como su pasión. Nuestro dolor, el de los compañeros, es inmenso, pero sepan todos que vamos a continuar su tarea, nosotros no vamos a defraudar a quien nos enseñó que no hay que bajar nunca los brazos. Quédese tranquilo, compañero: seguiremos acompañando a Cristina para que todos sus sueños que son los nuestros se cumplan definitivamente. ¡Hasta la victoria!”.

Sergio Ramírez (escritor): “Siempre es un impacto para un país que una figura como la de Néstor Kirchner desaparezca de pronto, no sólo porque se trata de un ex presidente como Raúl Alfonsín, a quien traté de cerca en mi vida política como vicepresidente de Nicaragua. Las demostraciones de duelo ante la muerte de Alfonsín fueron impresionantes, porque todo el mundo reconoció a un hombre de grandes valores cívicos, democráticos. En el caso de Kirchner fue un hombre que jugaba un rol político muy activo en Latinoamérica; no era sólo un ex presidente sino un hombre de una gran influencia en su partido, al lado de su esposa. No se sabía si iba a ser otra vez candidato a la presidencia; por lo tanto esto no es simplemente una conmoción sino un hueco muy grande que queda en la vida política argentina, que me parece que va a tener unas consecuencias impredecibles, en el sentido de que no se sabe cómo se van a reordenar las fichas, no sólo del peronismo sino de la vida política argentina de cara a unas elecciones que están a la vuelta de la esquina. Desde mi perspectiva lejana, creo que se va a recordar al ex presidente Kirchner como alguien que llegó en un momento de gran inestabilidad política, cuando día tras día los presidentes tenían que salir huyendo de la Casa Rosada en helicóptero, frente a una población que estaba desesperada por la inestabilidad y el desorden. Kirchner trajo la paz política; él pudo demostrar que podía haber estabilidad en el país y eso me parece que es una herencia muy importante”.

Adolfo Aristarain (cineasta): “Es un golpe muy duro, por lo inesperado: una pérdida irreparable. Ojalá haya cuadros que puedan abroquelarse alrededor de la Presidenta para poder sostener el camino trazado”.

Cecilia Todd (música): “Por el afecto que me une a la Argentina, por el afecto que une nuestros pueblos, siento la muerte de Kirchner muy cercana. Es un dolor que nos toca en Venezuela. Por supuesto que la Argentina está de luto, pero Latinoamérica también lo está. Kirchner era un referente importantísimo para el continente, para la gesta de la unidad latinoamericana. El dolor del pueblo argentino es el dolor de Latinoamérica”.

Aurora Venturini (escritora): “Sentí una gran pena cuando lo supe. Que Dios lo tenga en su gloria. Era un espíritu joven, daba alegría verlo. Hizo muchas cosas. Era un hábito nuevo dentro de la política, diferente, porque tenía ideas muy populares, las que Perón ya había tenido. Pero pasaron tantas cosas truculentas desde Perón hasta ahora... y fueron recordadas con las presidencias de él y de su señora. Dentro del movimiento justicialista hay mucha gente joven. Creo que la juventud le pertenece”.

Carlos Gorostiza (dramaturgo): “No lo conocí personalmente, pero sé que gente que tuvo contacto personal con él lo apreciaba como ser humano. Espero que toda la batería política de los partidos tenga la capacidad de ponerse al nivel de esta muerte y de trabajar con paz y respeto hacia el futuro. Dejó como legado lo que sus compañeros de ruta han seguido; supongo que seguirán sus pasos. Sabemos que hay grandes polémicas en estos momentos, es una pena que se haya ido justo ahora. Me interesaron fundamentalmente los tres primeros años de su presidencia, de hecho yo declaré públicamente que él tenía la oportunidad de convertirse en el anticuerpo de un país y de un partido de enfermos, pero después la historia cambió y creo que no es el momento para profundizar en estos temas. Fue un impacto tan grande... fue mi presidente y era un coetáneo que estaba peleando por los suyos”.

Noé Jitrik (escritor): “Gente que anda por ahí piensa o cree que la muerte de Néstor dejará sin brújula a Cristina, dicho de otro modo, que con su desaparición desaparece su cabeza. No lo creo. Pero me parece que se avecinan tiempos difíciles, no sólo para ella sino para el país. Tiendo a sentir, pese a que es una muerte natural, que es un signo, bastante ominoso, como en otro orden lo fue la muerte de Mariano Ferreyra, de lo que se mueve en las sombras en el país, donde tantos apuestan al desastre y a quienes el fracaso de otros les hace creer que se abrirá una oportunidad para ellos. Habrá, me parece, una inevitable danza de lobos porque, sea como fuere, la presencia de Kirchner implicaba cierto orden en el corral. Decir entonces que además de estar sentido estoy inquieto y preocupado, es decir poco. Esta no es una muerte cualquiera y no sólo porque es la desembocadura y final de un destino y de una vida intensa”.

León Ferrari (artista plástico): “Es de los mejores gobiernos que hemos tenido desde la apertura democrática. Una de las cosas que más señalo del gobierno de Néstor, así como también del de Cristina, es el hecho de la separación, por fin, de la Iglesia y el Estado. Tanto la dictadura como Menem y De la Rúa siempre estuvieron pendientes de la Iglesia, sin pensar en que buena parte del país no es católica. También destaco la asignación por hijo, el casamiento para los gays, cosas que nuestro país nunca ha tenido y que finalmente ellos consiguieron”.

Juan Terranova (escritor): “En mi familia siempre hemos seguido una tradición de izquierda profundamente respetuosa de los símbolos del peronismo; por eso coincidimos en valorar que Kirchner devolviera a los jóvenes y no tan jóvenes la posibilidad de pensar en un país politizado, donde los sentidos populares volvieran a activarse. ¡Si Néstor fue el único mandatario del mundo al que vi hacer mosh! Y es gracioso: ahora se empeñan en ponderarlo ‘a pesar de su carácter’. No coincido con esa postura. Lo que logró Kirchner fue justamente a causa de su carácter. Tenemos que acostumbrarnos a que los estadistas puedan tener una personalidad fuerte. Por lo demás, hoy es un día de duelo. ¿Acaso no nos entristecemos cuando perdemos cosas o familiares? Bueno, también tenemos que aprender a sentirnos tristes cuando se pierde un líder. Una tristeza sin violencia, ni culpa, que nos permita seguir creciendo”.

Elsa Osorio (escritora): “Su partida me produjo una suerte de ‘sensibilidad histórica’. Me dio dimensión de todo lo ganado y alcanzado en estos años. Cuando uno se remonta más allá de la angustia de esta muerte, emerge una figura que propulsó logros hasta hace poco inimaginables. Es cierto que falta un montón. A pesar de eso, da la impresión de que van a surgir continuadores del camino que él marcó, porque fue un político que prendió al saber interpretar algo que la sociedad realmente estaba necesitando. Por otra parte, en esta hora de reflexión sería importante que algunas personas que también se reconocen progresistas depusieran sus diferencias y se dieran cuenta de que en el fondo están de su mismo lado”.

Arturo Bonín (actor): “Era un tipo que sabía llamar las cosas por su nombre, y eso es digno de destacar en cualquier hombre. Esa manera tan clara de expresarse le permitió señalar un norte, y marcar a muchos enemigos que se vieron obligados a sacarse paulatinamente la careta. Yo siempre digo que fue el primer presidente que ‘no voté y no me defraudó’. Porque es cierto, no lo voté. No obstante, despertó en mí una expectativa que hace mucho tiempo no tenía con otros políticos. En sus intervenciones y en esa intensidad con que vivía fue capaz de reconstruir –con errores y aciertos– un sentir nacional que parecía irrecuperable. En claro contraste con todo lo anterior, hoy enciendo la tele y me da vergüenza ver a ciertos periodistas que salen a hablar con cara de circunstancia, cuando hace horas no hacían más que echar pestes”.

Marcelo Piñeyro (cineasta): “Cuando me enteré, lo primero que pensé es que se trataba de una broma de mal gusto. Para ser sincero, me descoloca un poco lo que vendrá. Ahora que Néstor se fue, me pongo a evaluar detalles que antes no había tenido en cuenta. Considero, por ejemplo, el modo en que el matrimonio Kirchner funcionaba como un combo; y los caminos que podrían seguirse para que no se sienta esta pérdida. En síntesis, para mí las últimas dos presidencias fueron las más importantes que tuvo el país desde que tengo memoria. Su orientación latinoamericana, la superación de objetivos en el gobierno de Cristina y la recuperación de la dimensión política para las nuevas generaciones se cuentan entre los méritos innegables de esta etapa. Habrá que estar atentos para que la derecha salvaje no diluya esas conquistas”.

Norberto Galasso (historiador): “Su repentina muerte acongoja profundamente al pueblo argentino al que interpretó en su esfuerzo por recuperarse y buscar un futuro promisorio, dejando todas sus fuerzas en una lucha incesante, aun conociendo la gravedad de su dolencia. En esta hora excepcional de la Argentina y América latina, el fallecimiento de un líder político como él constituye una verdadera tragedia, pues se lo necesitaba para continuar avanzando en pos de la liberación. Como él hubiera querido, hay que redoblar fuerzas para sostener a Cristina, acompañándola en su dolor y dándole el multiplicado apoyo para continuar en la senda que trazaron junto a las mayorías populares de la Argentina y de América latina”.

Martín Rodríguez (escritor): “Si hace diez años le decías a alguien que habría una Plaza llena de pibes llorando a un líder político de 60 años que salió de las filas del justicialismo, nadie lo creía. Esa es la sensación que se expresa como signo de época. No habla de una generalidad, pero hay una ruptura, eso es claro. Era un tipo de liderazgo excepcional porque le puso el cuerpo. Era un personaje irreductible. Compuso una idea de orden en el conflicto: era la garantía de ese orden. Lo que se hace ausente es eso, la capacidad de un político irreductible, de volverse esencialmente poderoso por el ejercicio directo de su propio poder. No va a haber otro tipo así en Olivos. Hizo un gobierno progresista a fuerza de voluntad; 2001 no generó un equilibrio de fuerzas, es un tipo el que forzó esa lectura. Podía haber habido otro gobierno, no estaba cantado. Más allá de los hechos puntuales de su gestión, que son los que todo el mundo destaca, fue capaz de rediseñar el esquema de gobernabilidad. Por eso es difícil imaginar quién puede superarlo”.

Germán Ferrari (escritor): “Es impactante cuando muere un líder político, un estadista. Siempre es conmocionante más allá de sus virtudes y defectos, o de los acercamientos que uno pueda llegar a tener. La presencia de Néstor en la política argentina dio aires nuevos para poner en el debate cotidiano temas que estaban olvidados, como los derechos humanos. El legado más grande de Néstor fue el haber elevado a la categoría de política de Estado el tema de la violación de los derechos humanos durante los ’70. La reapertura de los juicios contra el terrorismo de Estado es uno de los hechos más significativos de los últimos años. Como nunca se había hecho, ese impulso que dio Néstor va a ser juzgado y analizado a través del tiempo con una valoración que hoy queda acotada a algunos sectores. La historia lo va a reconocer como un gran artífice de que se haya podido revisar ese pasado reciente y que el terrorismo de Estado pueda ser juzgado y condenado en búsqueda de la justicia, la verdad y la memoria. A mí me impactó ese tema –lo trabajo en mi último libro– no sólo porque es una deuda que la sociedad argentina tenía con su pasado sino porque, para poder llevarlo adelante a una categoría de cuestión de Estado, Néstor requirió de una valentía que otros dirigentes políticos no tuvieron. Una valentía para sobrellevar las presiones”.

Elsa Drucaroff (escritora y crítica): “No soy kirchnerista y estoy de luto. Y hoy (por ayer) voy a ir la Plaza. Cierta gente no es sólo lo que es sino también lo que hace y lo que significa; y los antes y después que establece con su presencia. Ninguna crítica mía –por más profunda o acertada que sea– puede invalidar lo que Kirchner significó para la Argentina. Para mí significó el fin de la impunidad y el comienzo de un debate político que fuera más allá de la denuncia y se animara a las ideas. Alrededor de su figura, por otra parte, se fue constituyendo un núcleo de gente joven que por primera vez se está asomando a la participación política”.

Marcelo Simón (periodista, director de FM Folklórica): “La primera reflexión que surge es la convencional: ha muerto un hombre de la democracia, y eso es algo que no debemos perder de vista. En este caso se trata de alguien a quien yo voté, y con quien discutía frecuentemente desde mi casa, porque la gente temperamental, sanguínea, apasionada, es la gente con la que uno discute, la gente a la que le gustaría tener de amiga. Kirchner fue además un hombre que cambió notablemente el país dentro de la democracia, de una manera que yo no había visto hasta ahora en mi larga vida, con algunas cosas que se hicieron en su gobierno y se completaron en el de Cristina; decisiones a favor de la gente, a favor de los derechos humanos. Aquella vez que lo vi pedir que se bajara el cuadro de Videla, supe que estaba ante un tipo de un enorme valor. Tuve una sensación de profundo agradecimiento. Es el mismo sentimiento que me embarga en este momento, junto al de dolor”.

Elsa de Oesterheld: “Estoy de-sesperada de angustia, de pena. Si pudiera hacer algo por Cristina, no sé qué, lo haría. No puedo apartar a Néstor de todo lo que vivimos. Todo cambió desde que ellos asumieron la presidencia, un cambio excepcional. Vemos al país de manera diferente. El cambio se produce día a día desde que Cristina y Néstor asumieron la conducción de la Argentina”.

Hernán Ronsino (escritor y sociólogo): “Nunca me había pasado en mis 35 años haber llorado por la muerte de un político. Como tampoco en estos años me había emocionado hasta lagrimear con los discursos de un político, como con los de Kirchner y Cristina. Esa emoción de las palabras, de los discursos, lo que me despertaba escucharlos, se trasladó a lo que me pasó cuando escuché que había muerto. Y, a la vez, sentí profundamente de qué modo la historia argentina me estaba golpeando. Pensé en la relación de los cuerpos puestos en la historia. Los cuerpos atravesados por la pasión. Combatiendo en la historia. Y la relación de esos cuerpos con la muerte. Pensé, entonces, en el fusilamiento de Dorrego, en la muerte de Facundo Quiroga, pensé en el suicidio de Alem, en la muerte de Evita, en la muerte de Perón. La lucha y la muerte de cada uno de estos cuerpos apasionados abrieron la historia. Los une, los pone en relación el haber sido cuerpos apasionados, líderes de movimientos populares, que mueren luchando en la historia. Si bien es cierto que hubo varios presidentes que murieron en el ejercicio del poder, sus muertes no provocaron un antes y un después, provocaron más bien una crisis superficial. En cambio, la muerte de cada uno de estos cuerpos apasionados provoca una torsión, inesperada, en el devenir de los sucesos. Esa idea del acontecimiento que habla Foucault: lo inesperado transformando el devenir de la historia. Y así la muerte de estos cuerpos encarna, entonces, ese giro brusco, poderoso, potente. Cargado de posibilidades y de frustraciones. La muerte de Kirchner está en esta línea. Me atrevo a poner en esta genealogía a la muerte de Kirchner. Cuerpos apasionados –líderes de movimientos populares– que mueren combatiendo. Por eso estas muertes se vuelven acontecimientos. Por eso después de estas muertes la historia argentina se trastrueca radicalmente. Para siempre. Como sucederá a partir de hoy”.

Mauricio Kartun (dramaturgo): “Tras más de veinte años de militancia en el peronismo, tiré la toalla finalmente en los ‘90 menemistas. Tanto dolor, tanta sangre, pensaba algo avergonzado, para terminar en esto. Y me fui con otros intentando dar un portazo que entre la bulla de odaliscas y los escapes de Ferrari nadie escuchó, ni le dio demasiada bola. Me consolaba la angustia imaginando esas dos décadas como tránsito hacia otra cosa. Y a ese pensamiento que me había apasionado –a sus ideólogos, a sus intelectuales– como pasillo, como fracaso que abriría otro sueño alguna vez. Me enfrié. Y un día que la biblioteca por causas naturales colapsó, ciertos estantes cada vez más polvorientos –de Hernández Arregui a Cooke– bajaron al estante del piso, ése al que los años y su cintura te hacen visitar sólo cuando es necesario. Hago acá el mea culpa. Pasaron pocos años. Un día, cuando todo parecía haber quedado así, desde el Sur apareció este tipo. ‘Somos hijos de las Madres de la Plaza’, dijo. Después hizo descolgar el cuadro del dictador. Y se paró firme frente a aquellos antes quienes todos se agachaban. Entre tanto político domesticado, entre tanta despreciable mascotita del poder económico, apareció de la nada el chúcaro que aquel sueño necesitaba. Una mañana, gracias al tipo, me encontré hojeando de nuevo la geocultura de Kusch. Al día siguiente subí de nuevo todos sus libros a la altura de la cabeza, que es donde están los que te importan. Un agradecimiento tardío a Néstor Kirchner, el que le devolvió a mis libros su dignidad. Y a mí, esta fe por el presente y esta pasión por su futuro”.

Eddie Vedder (cantante de Pearl Jam, vía Twitter): “Mis pensamientos y mis oraciones para Néstor Kirchner y su familia”.

27/10/10

Abrazos

Por Artemio López
Publicado en RAMBLE TAMBLE

No, esto está muy complicado… -me dijo Pepe Pampuro-, no entra, no entra, fui hasta Lanús ayer y una vecina me dijo: “Pepe, te lo voto al tuyo, te lo voto a Kissinger”. No retienen el apellido, estamos en problemas!
Faltaba un semestre para las elecciones de abril de 2003. Esa anécdota del senador Pampuro, sucedida en plena campaña en 2003, me recuerda otra anterior: ¿Sabés qué quiero...?, que cuando se hable de política nacional me nombren, me había dicho Néstor Kirchner a mediados del año 2002.
Faltaba menos de un año para las elecciones de 2003 y ninguno de nosotros pensaba -y Néstor, menos- que, a partir de mayo, ya no habría hecho político de volumen en Argentina que no lo tuviera como protagonista excluyente.
Asumió con menos votos que desempleo, 24% de trabajadores desocupados; se fue del gobierno con 8,7%. Tuvo que enfrentar 54% de pobreza, dejó su gobierno con 26%. Cuando Néstor revoleaba el bastón presidencial, en mayo de 2003, el 27% de los argentinos pasaba hambre bajo el umbral de la indigencia, se retiró con 8,7%.
Fue por esto solamente el mejor presidente que tuvo el país desde la recuperación democrática, el único que entregó el país con mejores indicadores sociales y económicos que los que encontró al asumir.
Reordenó la deuda externa, nos liberó del cepo del FMI, anuló las leyes de la impunidad, derogó la ley banelco, y fundamentalmente, devolvió volumen institucional a un país desquiciado, restaurando la autoridad presidencial .
Finalmente, por su conducción firme, reconcilió a la clase política con la sociedad, alejándola del “que se vayan todos” con el que la ciudadanía castigaba a la dirigencia pusilánime, por su falta de resolución ante la crisis de 2001.
Mantuvo firme su convicción de jamás reprimir el conflicto social, a pesar de que su gobierno estuvo atravesado por la crisis social más profunda de la que tengamos memoria histórica. Todo esto es verdad y habría muchos más análisis sociales, económicos, institucionales, mejores que los que pudiera hacer quien esto escribe.
Pero también Néstor Kirchner fue un gran ser humano. Quiso el destino que mi madre muriera en 2005 durante su mandato, en medio del dolor sonó el teléfono, era Néstor increíblemente enterado: “Un abrazo, hermano”, solo eso bastó para que confirmara qué gran tipo era el Presidente, que me llamaba a mí, o sea, a nadie.
En fin, un grande Néstor, el más grande de los presidentes contemporáneos después de Perón y que, como el General en su momento, en otro momento histórico nos deja huérfanos. Por último, en medio de una época donde el cálculo y el cinismo dominan la política, Néstor Kirchner sabía que se inmolaba, era consciente de su enfermedad y de su destino incierto y, sin embargo, decidió seguir.
Un ejemplo tremendo, abrumador, de hasta dónde llega un ser humano movido por convicciones. No sé más qué decir, no se me ocurre nada salvo el chau Néstor, y como cuando murió mi vieja, tomo tus palabras: Un abrazo, hermano.

Dolor

Por Pablo Lettieri

La muerte del ex presidente Néstor Kirchner provoca una infinita tristeza para quienes, sin ser peronistas ni pertenecientes al FPV, confiamos en él y, aunque de manera crítica, nunca dejamos de reconocer que su gestión fue lo mejor que le sucedió al país desde el regreso de la democracia en 1983.
Sólo resta esperar que su compañera, la presidenta CFK, tenga la fuerza y entereza necesarias para continuar este camino inédito de transformación hacia un país más justo iniciado en 2003.

Néstor Kirchner

Por Reynaldo Sietecase

Murió Néstor Kichner. La noticia es tan sorpresiva como triste. Con sus errores y sus aciertos hay un antes y un después de su participación en la política argentina. Era un político full life y murió abrazado a su pasión. Es prematuro evaluar las consecuencias políticas de su deceso. Con CFK conformaban una unidad de gestión política. Ya no serán los editorialistas de los diarios quienes lo juzguen sino la historia. Desde aquí mis condolencias a la Presidenta de la Nación y su familia.

Las miserables reflexiones del asesor del dictador Viola

Por Rosendo Fraga
Publicado en LA NACION

La desaparición del líder del oficialismo genera múltiples interrogantes. Es la primera vez en la historia argentina que la ausencia de alguien que no es el Presidente genera una situación semejante.
Esto ante todo muestra que la Argentina estaba viviendo una situación anómala. Lo institucional estaba subordinado a lo político. La falta de Kirchner deja la sensación política de que falta el Presidente y es como si se planteara el interrogante de cómo va a actuar el vicepresidente.
Hasta el último momento él se encargó de hacer evidente que era quien ejercía realmente el poder y no su esposa, la presidenta Cristina Kirchner. Ella nunca lo rechazó, nunca buscó generar un espacio propio de poder ni en lo símbólico.
Ella ocupa ahora el centro de la escena y tiene la oportunidad de ejercer el poder por sí misma, un año antes de las elecciones y trece meses de que termine su mandato.
Tiene la oportunidad de modificar, rectificar, corregir, cambiar una serie de aspectos, estilos, orientaciones y políticas impuestas por su marido, que llevaron a una situación inédita, que un gobierno con la economía creciendo al 9% tenga la aprobación de sólo uno cada tres.
Ella ahora puede adoptar algunas decisiones que se reclaman, como tomar distancia de Hugo Moyano y terminar con su influencia. Quizás será lo primero que el mundo político mirará para saber si esta dispuesta a cambiar.
En principio, el peronismo que nunca vio con simpatía al Kirchnerismo y su alianza con la izquierda, que primero se dividió frente al conflicto con el campo, que después lo derrotó en las elecciones del año pasado y que en los últimos días mostró sus diferencias a través de Daniel Scioli, recupera protagonismo.
Podría conjeturarse que las figuras del poder más vinculadas a Néstor Kirchner, ahora pueden tener menos poder o bien podrían ser apartadas. Por ejemplo, Cristina tiene la oportunidad de reemplazar a funcionarios cuestionados, como Guillermo Moreno.
Si ella insiste en la línea fijada por su marido, no le será fácil gobernar. Ella no es la misma persona y además ese estilo, estaba claramente en crisis.
Con Kirchner desaparece la figura política más importante de la década, como lo fue Alfonsin en los ochenta y Menem en los noventa. Una figura singular.
Deja a su esposa, con un gobierno sólido en lo económico, pero enfrentado con el sector productivo mas importante del país que es el campo; en conflicto también con el sector industrial; en mala relación con la Corte Suprema como lo evidencian los fallos recientes; enfrentado con el Congreso, como lo muestra el último veto; en conflicto con la Iglesia Católica; enredado en una surte de "guerra" contra los principales medios privados del país y en trance de romper relaciones con el gobernador de la principal provincia.
El peronismo se estaba alejando. Ya al acto de River, presidido por el matrimonio Kirchner y Moyano, habían concurrido solo 5 intendentes justicialistas del conurbano y nada más que 5 gobernadores justicialistas habían rechazado la candidatura presidencial de Scioli.
La continuidad institucional no está en riesgo en la Argentina, pero puede estarlo la gobernabilidad en el final en el tramo final del mandato de Cristina, si ella no aprovecha lo que posiblemente sea su oportunidad histórica: dejar de ser la presidenta de una facción, para pasar a serlo de todos los argentinos.

26/10/10

“Un relato atado por la documentación”

Por Silvina Friera
Publicado en PAGINA 12

Los dos Horacios –Verbitsky y González– saben tocar los nervios tensos del pasado que requieren ser interrogados. Cada uno lo hace a su manera: uno es más narrativo, el otro apela a acrobacias y firuletes lingüísticos de cuño barroco con el afán de dinamitar los lugares comunes del comentarista. Este dúo que se sacó chispas presentó La mano izquierda de Dios (Sudamericana), el cuarto y último tomo de la Historia política de la Iglesia Católica, obra monumental a la que Verbitsky le dedicó los últimos quince años de su vida. La urgencia se hizo carne –recordó el autor en la librería Eterna Cadencia– cuando escuchó lo que no podía ni debía dejar pasar por alto. Eso que entra por un oído para no salir jamás. El capitán Alfredo Scilingo le dijo en 1995 que la jerarquía de la “santa madre” había aprobado tirar a los prisioneros al mar. Después de haber deletreado cada una de las palabras de esa confesión empezó a hurgar en archivos, a estudiar y a investigar, bajo el imperativo de comprender cómo fue posible esa “enormidad” que no podía captar. “Esa cosa orgánica, sistemática, institucional, era demasiado”, resumió el escritor y periodista.
“Cartón lleno”, cantó Verbitsky. “De la Iglesia ya me ocupé. No sé bien de qué me voy a ocupar ahora; estoy con la depresión posparto. No sé muy bien quién soy, pero espero que Horacio me ayude a entender.” Y Horacio –el sociólogo y director de la Bicentenaria Biblioteca Nacional– acometió con la empresa lanzando, como acostumbra, su complejo arsenal intelectual. Lo primero que hizo fue definirlo como “un gran narrador”. “Todo lo que hace Horacio no puede ponerse bajo la advocación de una gran narración o de una gran construcción histórica sobre el modo en que se dieron las luchas políticas en la Argentina, puesto que la hipótesis de trabajo de todos los libros sobre la Iglesia es que esta lucha se dio también en el seno de la religión; por lo tanto era una lucha religiosa que en el mundo moderno hacía aproximar a la Argentina a épocas que parecían no ser parte de ninguna modernidad”, planteó el sociólogo. “Sin embargo, el lenguaje que todos escuchamos, que está presente en nuestros oídos de una manera permanente hasta hoy, es el lenguaje con el que se hacía la guerra por la cual se atravesó.”
Aunque La mano izquierda de Dios –exactas 418 páginas más 1789 notas– no sea una historia de las ideas, González advirtió que las ideas están. “El escritor no asume un papel omnisciente que lo sabe todo y ya condena de antemano a sus personajes. Uno ve moverse a las personas que pertenecen al horizonte de la historia inmediata. Uno lo ve actuar y hablar a monseñor Tortolo, a Aramburu, a Quarracino, a Giaquinta. La lectura de todos estos nombres asociados a lo que pensaron fue la revelación de algo que quizá todos sabíamos”, admitió el comentarista. “Pero nunca imaginé hasta qué punto eran portadores de un gran drama: estaban hablando en nombre de la fe, de la redención, del sacrificio, de la muerte; eran la mayor justificación que aparecía frente a la tortura y la desaparición de cuerpos.” El director de la Biblioteca subrayó que las ideas “aparecen casi a la sombra de los hechos” y destacó el “esfuerzo de objetividad” en el relato en el que emergen “las marionetas de la historia discutiendo entre sí”. Sobre el ojo del autor para descubrir los archivos –definidos como “formas vivientes de la historia y hay que saberlas interrogar”–, González señaló que Verbitsky percibe en el archivo del Episcopado un buró político. “Uno escucha hablar a la historia de la Iglesia, ‘la santa madre’, expresión irónica que quiere decir que ahí hay una corporación mental. Horacio hace vivir nuevamente las sombras vivientes del archivo.” El caso que recuperó Verbitsky y que repasó González es el de los militares llamados 33 Orientales, que se negaron a obedecer las órdenes del Ejército y fueron sancionados. “Cuando son retirados del Ejército, los descargos son vergonzosos; hacen recordar las autoimputaciones de épocas que uno vincularía al estilo estalinista, sólo que aquí son descargos invocando a la Virgen, a creencias religiosas, invocando una adecuación trascendentalista. Pero no sólo eso, sino invocando a los mismos conceptos que harían del modo en que se elimina un adversario un modo religioso y santo.”
La fe cristiana está interpelada en toda su significación –opinó González– en un libro de índole moral, “escrito por un gran escritor político de la época”.
–Son los hechos los que interpelan, no soy yo –precisó Verbitsky.
–Eso es lo que quiero decir, estoy dando títulos que no están en el libro. Pero fui habilitado por la condición de comentarista –le retrucó González.
“Los hechos son pequeñas ruedas que van siguiendo incluso cierta cronología –retomó González el hilván de su análisis–; estamos viendo desfilar la historia argentina casi año por año, asesinato por asesinato. Estamos viendo hechos conocidos engarzados en un bastidor muy profundo de las ideas por las cuales se combate, en algo que finalmente hay que aceptar: en una historia se combate por ideas. Hechos e ideas tienen una imbricación que no es fácil de distinguir. La lección que da Horacio es que el modo de narrar los hechos ya en sí mismo constituye un estudio de las ideologías.” El sociólogo precisó que “la lucha por las armas no se de-sarrolla sólo con militares que dan gritos en nombre de la fe y la salvación de la nación, también se da con obispos que dan órdenes militares y aparecen asistiendo en las torturas”. En el entramado que tejió Verbitsky se refleja la lucha interna de la Iglesia, aunque el narrador se ponga –según González– desde el punto de vista de la jerarquía de la Iglesia. “Para narrar va a los archivos; el que archiva más es el vencedor en la historia.”
Después de repasar algunos núcleos del libro que más lo sorprendieron –la historia del capellán militar de Montoneros, Jorge Adur; los teólogos de la liberación como Lucio Gera y Juan Carlos Scannone, los debates entre el sacerdote belga Joseph Comblin y el historiador uruguayo Alberto Methol Ferré–, González aseguró que la historia narrada por Verbitsky era lo que faltaba comprender. “Casi siempre se encuentran grandes pensamientos de formas de la mística y de la comprensión religiosa que estaban presentes aun en los que se creían muy laicos. El hecho de que eso involucraba desde Videla hasta Firmenich, la gran mayoría de militantes montoneros y buena parte de la oficialidad militar, es un hecho de características estremecedoras. Yo lo digo así”, aclaró el director de la BN. “Este libro no lo dice así, pero permite que lo sintamos así.” González encuentra una “justicia de la escritura” en este último tomo que impulsó al autor a “tomar estas pequeñas criaturas presentándolas como asesinos que estaban encarnando ideas que pertenecen a la historia de la humanidad, convertidas en obtusas teologías”. Al promediar esta “sesión maestra” en la que González ayudó a comprender a Verbitsky lo que escribió, el comentarista no escatimó recursos retóricos para ponderar un “libro de teología que no se ha escrito en la Argentina”, basado en el idioma de “un gran escritor-cronista que tiene un ficción encerrada adentro: la ficción en la que hoy estamos embarcados, que es dilucidar nuestra propia participación en la historia”.
“Yo sabía que Horacio me iba a explicar lo que hice”, recuperó la palabra el autor. “Me enriquece mucho esta lectura sobre mi trabajo; no lo podría explicar tan bien como lo explicó él.” En franca recuperación del posparto, Verbitsky confesó que lo que repitió González –que “el libro no lo dice así, pero dice eso”– le parece un gran elogio. “Es una cosa que hago siempre sin proponérmelo, es mi manera de escribir”, reconoció. “Trato de presentar los hechos y lo que hago es un bordado, voy enhebrando. Aunque es un trabajo de historia, hecho con todos los cuidados, creo que hay alguna similitud con lo que es una narración de ficción, donde el autor cuando comienza no sabe exactamente adónde va y sus personajes se les van de la mano. A mí me ha pasado esto con una cantidad de personajes que yo conocía, de quienes sabía algo, pero a medida que los fui conociendo más en profundidad cobraron vida propia, se independizaron y fueron haciendo lo que ellos quisieron hacer en este relato que, al mismo tiempo, está atado por la documentación. Los personajes tienen su vida propia, no la que yo les pongo. Lo que hago es que expresen su vida propia.”



24/10/10

La venganza de los nerds

Por Pola Oloixarac
Publicado en RADAR

 
La red social se despliega sobre mitos antiguos. Navega la paradoja de crear una red de amigos, y quedarse solo en el mundo. Es la historia del revolucionario que se enfrenta al poder tradicional (los hermosos machos alfa Wincklevoss); es el cliché del niño judío resentido que carga sobre las elites cerradas. Es el pequeño Asperger que se lanza a construir una máquina imparable cuando su novia lo deja, en la primera de muchas escenas geniales (“Vas a ir por el mundo creyendo que las chicas no te quieren porque sos un nerd. Pero en realidad, va a ser porque sos un imbécil”). Y es la novela rosa de la filosofía de negocios norteamericana, contada con diferentes personajes, lugares, momentos. Y una estudiantina cruzada con el nuevo género de la narrativa empresarial (la deriva del arte en la época de la reproductibilidad capital: las creaciones son empresas). Con ritmo adictivo y diálogos brillantes, David Fincher y Aaron Sorkin crearon un nuevo clásico juvenil, con una inteligencia que recuerda a la dupla clásica de Joseph Mankiewicz y Ben Hecht.
La red social también cuenta cómo la historia del rock (su estirpe reventadora de hoteles y paradigmas) devino en la era de las empresas startup (ahora se revientan los servers, los sites...). La red social recrea el cuento dorado de la cultura garajera del software. El mito sagrado que inicia la travesía hacia la conquista de Silicon Valley cuenta entre sus bestias evangelistas a Steve Jobs, Bill Gates y los Google Boys programando como monjes en sus cobertizos californianos, hasta darse cuenta de que tenían billones potenciales entre manos. Esta vez el encierro primigenio se encuentra injertado dentro del ambiente ultra tradicional de Harvard. Es la historia de un chico que, con menos de mil dólares, crea un código –y su sucedáneo en la era del capital: una compañía–. Es como cuando las bandas empezaban a sonar en reductos underground que sólo los connoisseurs sabían olfatear; ahí entra Sean Parker (interpretado por un exacto Justin Timberlake), que funciona como un manager que descubre a un artista y lo conecta con las discográficas que quieren invertir en él (la breve impasse de Peter Thiel, temprano inversor, como si fuera Virgin en sus días de gloria). De hecho, Parker (fundador de Naspter) se cuenta entre los capitanes digitales de los que desbancaron a las grandes discográficas. Como cuando entran los managers, ocurren cambios en la banda original; pero no necesariamente porque “se venda al sistema”: el sistema es lo que se crea (las drogas se siguen consumiendo sobre la piel de las chicas).
La red social (siempre hablamos de la película y el modelo) consolida al héroe nerd que se emancipa de los papeles secundarios, como si el arco épico comenzado en La venganza de los nerds culminara en el estupendo Zuckerberg de Jesse Eisenberg hablando rápido, escupiendo bits de palabras, enfrascado en la pantalla, aislado, “wired” (conectado). La filmografía de las estudiantinas norteamericanas –el estudio antropológico más extenso sobre la tribu nerd– muestra el ascenso de los nerds en la carrera darwinista. Su paso de minoría oprimida a clase dominante culmina triunfal con la controversia que pone en escena la red social; desde el punto de vista de las comedias de estudiantes, el año 1986 corresponde a la Primavera de los Pueblos. Desde La venganza de los nerds a Karate Kid, los años formatorios del cine pop corn de los ‘80 establecieron un relato épico de la lucha de clases inscripto en el aula: el nerd, el animal omega, de pronto triunfaba sobre los machos alfa. Los hermosos gemelos Wincklevoss esperaban alquilar el cerebro de Zuckerberg para que les hiciera un site donde capitalizar sexualmente el status de Harvard en un site de citas. El joven Zuckerberg accede (lo hace para hacer repuntar su reputación después de convertirse en el nerd más odiado del campus), pero demora fatalmente el lanzamiento del site de los gemelos, y crea el código para lanzar su propia idea. La técnica se imponía sobre los privilegios del nacimiento y la clase.
La red social combina lo más augusto y competitivo de ambos mundos: la figura del rebelde revolucionario con el vector inhumano de la competencia absoluta permitida por el paradigma de la innovación. Después de todo, las traiciones entre aliados forjaron la innovación tecnológica que habita ubicua nuestros hogares, a la que hace rato hemos invitado a quedarse: Bill Gates tomó la idea del software con ventanas de Steve Jobs, que a su vez la había tomado prestada de Xerox, y Steve Jobs estafó a su primer socio, Steve Wosniak, vendiéndole una parte 7 veces menor. La historia del Zuckerberg Judas lo suma a la serie áulica y cristaliza su liderazgo. Porque el paradigma de la innovación en la era del capital no es sino el avance del todo vale sobre la tradición y las ideas públicas o privadas para crear “un imperio sin límites”, para traer una frase de la Eneida que a Zuckerberg le gusta citar en las reuniones con sus jefes de producto en sus oficinas de Palo Alto.
La red social está llena de detalles deliciosos, de personajes que se delinean a partir de bombachas con insignias Ivy League, a Zuckerberg llamando “Wincklevi” a los gemelos, porque le gusta el latín y sería la manera correcta de adjudicarles el plural. Uno de los aciertos es que nunca se trata de la inocencia del nerd atrapado por la ambición del dinero (no es Wall Street 2.0), y que el drama permite a todos contar su parte; como todo en la red social, lo que está en juego es un juicio sobre una persona (en este caso, el creador del site). El juicio es injusto: los hermanos no merecen más que un par de cientos de dólares (no se patenta una “idea”, sino una tecnología), y lo que queda en liza es un desafío al paradigma creativo de la colaboración: qué ocurre cuando las ideas se desarrollan dentro de una red (social), y pasan de su forma idílica a la fase más idílica de negocios rentables. Otras películas sobre el tema (Startup.com, Pirates of Silicon Valley) no llegan a ser bocetos del tratamiento de artista que Fincher y Sorkin le dan a este mundo.
Lo que está en juego es, como en el arte, la habilidad de leer, de esculpir la forma del Zeitgeist contemporáneo: no es una obra, sino una plataforma que invitara a la ansiedad, la agresión controlada y la búsqueda de afecto ficticio. La primera acción es hacer caer el servidor de Harvard, a través de un aparatito misógino que permite hacer rankings de chicas. Toda la oscuridad de Facebook está en ese nacimiento violento; sin esa matriz de resentimiento, ansiedad, tic facial, no existiría Facebook.

Las vías del hecho

Por Horacio Verbitsky
Publicado en PAGINA 12
 
El asesinato de Mariano Ferreyra por matones de la Unión Ferroviaria está llamado a tener profundas consecuencias porque el umbral de tolerancia de la sociedad argentina a la muerte joven por razones políticas o gremiales es muy bajo, sin distinción de partidos o tendencias. Tal aversión obedece tanto a hechos históricos (como los enfrentamientos entre fracciones internas peronistas entre 1973 y 1975 y los crímenes del Estado Terrorista a partir de 1976) cuanto recientes (los 38 asesinatos policiales con que se despidió el último gobierno de la UCR, las ejecuciones de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán por la policía bonaerense de Felipe Solá, que obligaron a que el ex senador Eduardo Duhalde acortara su interinato al frente del Poder Ejecutivo, y el disparo de una granada de gases a la cabeza del maestro Carlos Fuentealba por la policía de Jorge Sobisch en Neuquén). Atentos a esa sensibilidad colectiva, los gobiernos de Néstor Kirchner y CFK adoptaron como uno de los rasgos centrales de su identidad la decisión de no reprimir la protesta en el espacio público, que los diferencia de todas las administraciones precedentes y de las ofertas electorales de quienes aspiran a sustituirlos. En 2004, incluso, Kirchner despidió al jefe de la Policía Federal, al secretario de Seguridad Interior y al ministro de Justicia y Seguridad porque resistieron la directiva de que el personal policial dejara de portar armas letales ante manifestaciones. En ese contexto era inevitable que el crimen de Barracas, en el que debe analizarse por qué las policías federal y bonaerense no impidieron la agresión, pasara a ocupar el centro de la disputa política y sindical. La tragedia sucedió apenas una semana después del imponente acto de River Plate, en el que Hugo Moyano comprometió su apoyo electoral a Néstor o Cristina y descalificó al gobernador bonaerense Daniel Scioli, y de la decisión de la Coordinadora Interpatronal de boicotear la ley reglamentaria del artículo 14 bis de la Constitución, que dispone la participación de los trabajadores “en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección”. La fiscal Cristina Caamaño tomó declaraciones durante toda la noche del jueves y el viernes la jueza Susana López ordenó allanamientos y detenciones que esclarecerían por completo lo sucedido.

La batalla por la interpretación
Con una coherencia admirable los diarios y los políticos opositores señalaron una presunta responsabilidad del gobierno, con títulos como “cosecha de sangre desde el poder” o “Instrucciones para armar un polvorín”, y referencias a los “discursos incendiarios” de “los Kirchner” que “crisparon al país fomentando antagonismos”, a “la alianza del kirchnerismo con la CGT de Hugo Moyano” y al país que cayó “en manos de la mafia sindical”. Tan ostensible mistificación sólo se sostiene desde el prejuicio clasista contra los feos, sucios y malos. En 2003, el sindicato de camioneros tenía 65.960 afiliados, hoy son l07.6l8. Esto no refleja sólo el crecimiento de la economía y del transporte por ruta, sino también el reencuadramiento de trabajadores que estaban afiliados a otros gremios, como la Federación de Comercio y Servicios. El pase a Camioneros implicó una mejora salarial sustantiva: de 2.566 a 4.l35 pesos mensuales en el gremio de los Moyano, con jubilación a los 55 años y semana laboral de 44 horas. Todo lo contrario ocurre con los tercerizados por las empresas ferroviarias, con la complicidad abierta de José Pedraza: las cooperativas truchas que los emplean, en varias de las cuales participan familiares de dirigentes del gremio, les pagan no más de 2.500 pesos mensuales, cuando un ferroviario legal no cobra menos del doble. La diferencia la paga el subsidio estatal y la embolsan los sindicalistas empresarios. Tampoco es pertinente la comparación del despeje de vías cortadas, que la Unión Ferroviaria admitió haber realizado en forma conjunta con la empresa y la policía, con las asambleas de camioneros en la puerta de los grandes diarios o siderúrgicas para reclamar que se terminara con la precarización laboral de parte de sus trabajadores. Esos conflictos concluyeron en cuanto Clarín, La Nación y Siderar legalizaron la situación de esa parte del personal. ¿Es necesario precisar la diferencia entre una medida de fuerza sindical contra grandes empresas y el asesinato alevoso de trabajadores y/o militantes políticos que los acompañan?

Antagonismo o confluencia
Algunos trabajadores tercerizados del Roca consultaron el año pasado su situación con el abogado de la CGT, Héctor Recalde, quien presentó junto con el judicial Julio Piumato un proyecto de ley que modificaría los artículos 30 y 31 de la Ley de Contrato de Trabajo para acentuar la responsabilidad de las empresas principales, como ya declaró en varios casos la justicia. Esos proyectos tienen dictamen de comisión, por lo que podrían tratarse en la Cámara de Diputados la semana próxima. Desde la izquierda se ha insinuado alguna responsabilidad de la presidente CFK, por haber lucido durante el acto en River una camiseta de la Juventud Sindical, como si los infelices antagonismos de hace 35 años, que constituyeron el más trágico de-sencuentro en las filas populares, debieran repetirse hoy. La realidad no procede de ese modo. Militantes de la Juventud Sindical han participado en las últimas movilizaciones por los Derechos Humanos y su secretario general, Facundo Moyano, participó de una visita a la ex ESMA junto con el hijo de Enrique Juárez, ex secretario general de la Juventud Trabajadora Peronista (JTP), detenido-desaparecido desde diciembre de 1976. Es comprensible que los Biolcati, los Méndez y sus tribunas de doctrina prefieran la repetición de aquellos combates y no las luchas que hoy libran muchos trabajadores por mejorar sus salarios y democratizar la representación sindical, ya sea desde la CGT o desde la CTA, a las que también les gustaría ver enfrentadas. La anulación de los comicios de la CTA en diez provincias dispuesta por el tribunal arbitral que acordaron las dos listas, al constatar graves irregularidades en perjuicio del actual secretario general Hugo Yasky, muestra que la limpieza en los procedimientos y el respeto por la voluntad de los trabajadores no son un sueño imposible, que no es fatal que prevalezcan la prepotencia y el fraude, aunque se adornen con los colores ideológicos más estridentes. Falsear los resultados es repudiable, lo hagan Guillermo Moreno o Pablo Micheli. Era inverosímil que quienes apuestan a reducir la central alternativa a un micropartido de izquierda como hay tantos, marginándose del debate crucial sobre profundización del proceso de cambio iniciado en 2003 o regresión a los años del neoliberalismo, hubieran vencido en buena ley a la conducción que puso a la CTA en el mapa político y social del país, como actor valioso en la pugna con los poderes fácticos que detestan la democracia porque limita su imperio.

Una trayectoria
Pedraza era un joven delegado de los trabajadores ferroportuarios, que en 1968 se sumó a la resistencia contra la dictadura de Juan Carlos Onganía. Ese gobierno desconoció el Congreso Normalizador de la CGT pretextando que habían participado gremios sin su cuota al día, dada la intervención estatal y el alto número de trabajadores despedidos. Surgieron así la CGT Azopardo, conducida entre bastidores por el metalúrgico, Augusto T. Vandor, y la CGT de los Argentinos, cuyos principales líderes eran Raimundo Ongaro y Agustín Tosco. Pedraza formó parte de esta CGTA rebelde. Allí conoció al joven escritor y periodista Rodolfo J. Walsh, de 41 años, convocado para dirigir el Semanario CGT. En ese periódico, Walsh publicó por entregas su investigación “¿Quién mató a Rosendo?”, donde radiografió la situación de la clase obrera: “Se echa a los más combatientes, previamente calificados de ‘comunistas’ o de peronistas revolucionarios. Se disuelven las comisiones internas, si es necesario se las compra”. Cuando los trabajadores recurren al sindicato “allí también fastidian, allí también cuestionan, allí también resultan ‘comunistas’. Patrones y dirigentes han descubierto al fin que tienen un enemigo común: esa es la verdadera esencia del acuerdo celebrado por el vandorismo con las federaciones industriales. Para llevarlo a la práctica, el gremio se convierte en aparato. Todos sus recursos, económicos y políticos, creados para enfrentar a la patronal, se vuelven contra los trabajadores. La violencia que se ejercía hacia afuera, ahora se ejerce hacia adentro. Al principio el aparato es la simple patota, formada en parte por elementos desclasados de la Resistencia, en parte por delincuentes. A medida que las alianzas se perfeccionan, a medida que el vandorismo se expande a todo el campo gremial y disputa la hegemonía política, el aparato es todo: se confunde con el régimen, es la CGT y la federación patronal, los jefes de policía y el secretario de trabajo, los jueces cómplices y el periodismo elogioso”. Walsh contabiliza el resultado: la pérdida de 50.000 puestos de trabajo en apenas tres años para que las empresas metalúrgicas pudieran “producir más con menos operarios”. Lo ilustra con los índices de productividad, que crecieron 50 por ciento entre 1950 y 1961.

Cuarenta años después
Han pasado más de cuarenta años y con ellos otra dictadura y un gobierno electo por el voto popular que perfeccionó aquello que iniciaron los de facto. Pero aunque muchas otras cosas hayan cambiado, aquellas páginas no perdieron su potencia descriptiva. Pedraza llegó a la conducción de la Unión Ferroviaria durante la presidencia de Raúl Alfonsín. Cuando Carlos Menem asumió la presidencia, dos asesores de Pedraza, Julio Savón y Fernando Carlos Frediani, fueron designados administrador y subadministrador de Ferrocarriles y su tesorero, Santos Reale, quedó a cargo de los ferrocarriles metropolitanos, que fueron saqueados como paso previo a la privatización. El entonces vicepresidente Duhalde controlaba, a través de su asesor Mario Masciotra, el departamento Explotaciones e Inmuebles Colaterales de Ferrocarriles. Una mutual fantasma de viviendas ferroviarias formada por Pedraza recibió 66 espacios y locales en las estaciones Federico Lacroze, Retiro, Once, Constitución, Liniers, Castelar, José C. Paz, Morón, Merlo, Moreno, Lanús, Lomas, Temperley, Monte Grande, Mar del Plata, Padua y terrenos en la calle Yerbal, en Rojas y Bacacay y en Belgrano C, por un alquiler promedio mensual sin indexación alguna de 15 dólares cada uno. En los mismos meses de 1989 en que decidió apoyar el plan racionalizador y privatizador del Banco Mundial, que Menem impuso bajo la amable consigna “Ramal que para, ramal que cierra”, Pedraza se mudó a una casa de un millón y medio de dólares en Villa Devoto. Paradigma del sindicalismo empresario, también recibió los 11.000 kilómetros del Belgrano Cargas y obtuvo luz verde de la mayoría automática menemista en la Corte Suprema de Justicia para controlar el gremio con mandato vencido desde 1991 y sin elecciones.

Los pesados
Para ello consiguió excluir a la opositora Lista Celeste mediante un ardid estatutario. Utilizó como único medio para comunicar las condiciones del comicio un aviso en la página de Finanzas de La Nación, que como todo el mundo sabe es la lectura habitual de fin de semana en el hogar de los entonces 90.000 ferroviarios de todo el país. Ahora, sólo quedan 9000. En proporción, hubo pocos aportes tan significativos a la de-socupación. Peor fue el siguiente proceso electoral, en 1996. Uno de los líderes celestes, Jorge De Nápoli, fue despedido de su trabajo en el ferrocarril San Martín y citado en un bar por el jefe de custodia y operaciones de Pedraza, Rubén Norberto Carrizo, quien le dio a elegir entre aceptar plata para desistir o vérsela “con los pesados”. La disyuntiva fue reiterada por los propios pesados: el mayor Osvaldo Zacarías (que había participado con De Nápoli en un alzamiento carapintada) y el capitán Héctor Pedro Vergez se presentaron en el galpón de la Lista Celeste, cedido a De Nápoli por el automovilista Rubén Valentini, nieto, hijo y sobrino de ferroviarios y ex copiloto en competencias de rally de Menem y de su hijo. Vergez le explicó a Nelson Castro que habían ido por encargo del jefe de seguridad de Pedraza, aunque negó haber apretado a De Nápoli. Ambos militares trabajaban entonces para la SIDE. Valentini encontró en la ventana de su casa en Pinamar un pan de una libra de trotyl cuya mecha se apagó cuando sólo faltaban dos centímetros para que llegara al detonador. El juez federal Norberto Oyarbide allanó la sede de la Unión Ferroviaria, donde personal de la Gendarmería secuestró panes de trotyl, mechas lentas, detonadores y cintas de empaque idénticos a los que se emplearon para el fallido atentado y un plano del centro de Pinamar, del cual faltaba la parte que corresponde a la casa de Valentini.
Durante el interinato presidencial de Duhalde, Pedraza negoció un nuevo convenio que redujo los derechos de los pocos miles de trabajadores ferroviarios que quedaban. Acordó con las empresas América Latina Logística Central SA y América Latina Logística Mesopotámica SA el convenio 612/03 en el que se admite la Polivalencia Funcional (o cláusula del fregado y el barrido), la ampliación del periodo de prueba a seis meses, la asignación de las vacaciones en cualquier momento del año a voluntad del empleador y la aceptación del transporte ferroviario como un servicio público esencial, que en caso de huelga debe acatar la intimación ministerial a mantenerlo en funcionamiento, criterio que ni los gremios del transporte ni la OIT admiten. La actual viceministra de Trabajo Noemí Rial asesoraba a Pedraza en la disputa electoral. Héctor Recalde y el actual secretario de Relaciones Laborales, Alvaro Ruiz, a la oposición proscripta. ¿Será por eso que Ruiz y no Rial intervino en la negociación con los trabajadores tercerizados por la UGOFE, en catorce cooperativas en las cuales tiene fuerte participación el propio Pedraza?

Morir por Pedraza
Pedraza también fue procesado por administración fraudulenta del fondo de sepelios de los trabajadores ferroviarios y embargado por 50 millones de pesos, en 2006. Los aportes de los trabajadores eran derivados a una mutual supuestamente sin fines de lucro, cuyo presidente era Héctor Horacio Amigo [de Pedraza]. Gracias a ese artificio, a los afiliados a la Unión Ferroviaria morirse les salía cuatro veces más caro que a sus colegas de la Asociación de Señaleros. A medida que las privatizaciones redujeron el padrón de afiliados, los descuentos compulsivos se extendieron de los trabajadores activos a las viudas pensionadas y el valor de la cuota se incrementó. Según la fiscal Graciela Gils Carbó el contrato celebrado entre la UF y la mutual, que a su vez subcontrató con la empresa Parcelas Argentinas la compra de espacio en cementerios privados era “una fachada para cubrir el fabuloso desvío de fondos sindicales en provecho propio de los enjuiciados”. Por la recusación de Pedraza a un juez, la causa rebotó de cámara en cámara sin ser elevada nunca a juicio oral, hasta que en mayo de 2008 la Sala III de la Cámara Nacional de Casación Penal (Eduardo Riggi, Angela Ledesma y Guillermo Tragant) dictaron la nulidad de todo lo dispuesto con la firma del juez recusado y la prescripción de la causa. Como se ve, el trayecto de la bala que mató a Mariano comenzó antes de que él naciera y contó con una extensa cadena de complicidades.


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