3/3/08

El cabaret viene de traje y corbata



Por Juan Pablo Varsky
Publicado en LA NACION


"Boca es un cabaret", dijo Diego Latorre el lunes 20 de abril de 1998. El viernes 17, el equipo había empatado 1-1 con Central en una Bombonera semivacía. Tras la primera práctica post partido disparó su frase antológica. En realidad, quiso decir conventillo y no cabaret. "Cada vez que perdemos hay declaraciones en contra de unos y otros. Caímos bajo", justificó en declaraciones publicadas por los diarios el martes 21. Ese día, también se reflejaba en las páginas deportivas la clasificación de Estudiantes de Bahía Blanca a las semifinales de la Liga Nacional de básquetbol con 41 puntos de un tal Emanuel Ginóbili.
Pero Mauricio Macri sólo recibía malas noticias. Ya había fracasado Bilardo, la campaña mediocre se estaba cargando a Veira y encima se ventilaban asuntos internos del plantel. Tras dos años y medio de gestión, no tenía ninguna vuelta olímpica para mostrarle al socio. Consagrado en las elecciones de diciembre del 95 contra la dupla Antonio Alegre-Carlos Heller, antes les había rechazado un ofrecimiento para acompañarlos en la nueva fórmula como vice: "Gracias, pero no acepto. Voy a ser presidente". Para cumplir con su aspiración, reclutó a varios dirigentes con experiencia. Entre ellos, Pedro Pompilio, el hombre del apellido maltratado. Lo llaman Pompiyo, con la misma deformación que sufre el sustantivo utensilio.
Antes de convertirse en vice de Macri, Pompilio ya tenía historia como directivo de Boca. Por ejemplo, en 1988 le anunció a la prensa la contratación de Navarro Montoya. Disconforme con algunas decisiones de la CD, abandonó el oficialismo y se juntó con Mauricio. Al principio padecieron pero en julio de 1998 llegó Bianchi y les cambió la vida. En diciembre de 1999, la fórmula Macri-Pompilio arrasó en la elección. Fue la última, hasta ahora. Por una reforma en el estatuto, aprobada por la Asamblea de Socios, se había extendido el mandato de 3 a 4 años con la posibilidad de una sola reelección. La modificación más importante estuvo vinculada con los hoy famosísimos avales.
"Los dirigentes tendrán que responder con su patrimonio si perjudican al club", había asegurado Macri. En consecuencia, se incluyó una cláusula por la cual se les exigía a los futuros candidatos a presidente y vice del club, a que avalen su futura gestión con el 10% del patrimonio neto de la institución, aproximadamente 13 millones de pesos. En realidad, la modificación original exigía un aval del 20%, pero la Cámara Civil lo disminuyó por considerarlo "excesivo".
En el período 1999-2003, Boca ganó tres Copas Libertadores. De acuerdo con la reforma del estatuto, Macri no estaba en condiciones de postularse nuevamente en diciembre de 2003 por haber ejercido el cargo durante dos mandatos. Allí, la Inspección General de Justicia le hizo lugar a un pedido de la oposición para impugnar su candidatura. Ese año, había intentado llegar al Gobierno porteño pero Aníbal Ibarra lo frenó en la segunda vuelta. El postergado desembarco en la Capital obligó a un cambio de estrategia y Boca reapareció en su plan de acción. ¿Y el impedimento legal? Apeló la decisión de la IGJ y la Cámara Civil porteña concluyó que Macri se encontraba habilitado porque los dos períodos reglamentarios que establecía el estatuto, debían computarse sin contar el primero suyo, cuando se había reformado el reglamento del club. Esta decisión derivó en un pedido de juicio político para los jueces Carlos Degiorgis, Carlos Molina Portela y Julio Moreno Hueyo, autores del fallo. Los tres renunciaron y no pasaron por el Jury de Enjuiciamiento.
Macri no tuvo rival en 2003 porque el candidato opositor Roberto Digón no presentó los avales. Entre 2003 y 2007, Boca cumplió cien años, ganó dos Copas Sudamericanas, fue bicampeón nacional y levantó la Libertadores 07. Tres días después de la vuelta olímpica en Brasil, Macri derrotó en el ballotage a Daniel Filmus y fue elegido jefe de gobierno porteño. Pidió licencia y le cedió el cargo a su fiel ladero Pompilio. Luego de mucha rosca política, llegaron a un acuerdo para armar una lista única con vistas a las elecciones de fin de año. Como Digón tampoco no pudo reunir los avales para diciembre de 2007, Pompilio asumió la presidencia sin elecciones. Su gestión duró apenas 90 días pero nadie podrá reprocharle falta de gestión. Se fue pero queda su obra. No le renovó el contrato a Russo, buscó a Bianchi, firmó con Ischia, vendió a Banega en 24 millones de euros y, lo más importante, decidió comprar el pase de Riquelme en 12 millones de euros.
No consultó con Macri ninguna de estas acciones de gobierno. No tenía obligación pero a Mauricio le dio por el bigote que Pedro lo ignorara. La semana pasada, la IGJ, ante una denuncia de los opositores Digón y Abbatángelo, dictaminó que los avales presentados por la única lista eran irregulares y estaban fuera de tiempo. Le puso fin a la presidencia de Pompilio y decidió que, hasta la normalización del club con el llamado a elecciones, debía regresar la CD anterior presidida por Mauricio Macri.
El jueves, Macri regresó a la sala de conferencias de la Bombonera en su doble cargo de jefe de gobierno y presidente de Boca. Le echó la culpa al banco Macro por supuestos avales falsos y le dio la razón al dictamen de la IGJ. Sin embargo, durante su pomposa fiesta de despedida en diciembre, nada había dicho de los irregulares avales. Por ahora no se tomó licencia. No volverá a darle el poder a Pompilio porque éste tiene peso propio y ya no le responde. En esa conferencia sin preguntas, aseguró que se haría cargo del club. Sin dudas y desde cualquier punto de vista, una responsabilidad incompatible con el ejercicio del Poder Ejecutivo del Gobierno de la Ciudad. Un día después de su anuncio, se desató la tormenta que provocó la enésima inundación porteña. Evidentemente, el de arriba quiso aclararle con mensaje divino cuál era su tarea urgente e importante para estos días.
Mientras tanto, Pompilio recibió una oferta muy tentadora: la del diputado Carlos Kunkel, socio de Boca y más kirchnerista que Kirchner (¿y si al final Néstor es "kunkelista"?). "Si limpiás tu lista de macristas, te bancamos con todo", fue el tono de la propuesta, fiel a la lógica K de o nosotros o ellos. "Le digo a Kunkel que no quiero la política en Boca", contestó Macri, fiel a su lógica no-política. Esa que le permitió llegar a la política gracias a su gestión en Boca.
Pero Macri y Pompilio aún pueden arreglarse por "el bien de la familia boquense". No lo descarten, amigos. Mientras tanto, Palermo sigue haciendo goles. Como hace diez años. Martín sigue tan vigente como aquella frase de Latorre modelo 98. Pero hoy en 2008 el cabaret no lleva pantalones cortos. Se viste de traje y corbata.

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