21/5/12

Antropofagia


El 11 de enero de 1928, la pintora Tarsila do Amaral le ofreció a Oswald de Andrade, como regalo de cumpleaños, una de sus recientes obras, sin saber que sería la propulsora de una de las más originales formulaciones teóricas acerca de la naturaleza específica del arte moderno brasileño. Mientras contemplaba aquel extraño hombre pintado por Tarsila, de enormes pies hincados en la tierra, cuya pequeña cabeza parece apoyarse melancólicamente en una de sus manos, rodeado por un ambiente seco y bochornoso, teniendo como testigo tan solo el cielo azul, el sol y un misterioso cacto verde, su amigo y escritor Raul Bopp, que le acompañaba en la contemplación, le preguntó a Oswald de Andrade: "¿Vamos a hacer un movimiento en torno a ese cuadro?". Abaporu, 1928, que en tupí-guaraní significa "antropófago", fue el nombre elegido para aquella figura salvaje y solitaria.

Se funda enseguida el Club de Antropofagia junto con la Revista de Antropofagia, en la que se publica el Manifesto Antropófago [Manifiesto Antropófago], escrito por Oswald de Andrade, como eje teórico del movimiento naciente que se disolvió con su separación de Tarsila en 1929. Con frases impactantes, el texto reelabora el concepto eurocéntrico y negativo de antropofagia como metáfora de un proceso crítico de formación de la cultura brasileña. Si para el europeo civilizado el hombre americano era salvaje, es decir, inferior porque practicaba el canibalismo, en la visión positiva e innovadora de Andrade, justamente nuestra índole caníbal permitiría, en la esfera de la cultura, la asimilación crítica de las ideas y modelos europeos. Como antropófagos somos capaces de digerir las formas importadas para producir algo genuinamente nacional, sin caer en la antigua relación modelo/copia que dominó una parcela del arte del periodo colonial y el arte académico brasileño de los siglos XIX y XX. "Solo interesa lo que no es mío. Ley del hombre. Ley del antropófago", clamó el autor en 1928.

Por lo general, el Modernismo de la Semana de 22 [Semana del 22] se caracteriza por una doble vocación: actualizar el ambiente artístico brasileño poniéndolo en contacto con los diversos lenguajes de las vanguardias europeas y, a la vez, volverse a la percepción de Brasil, en un proyecto consciente de creación de un arte brasileño autónomo. Una propuesta de equilibrio entre las dos inclinaciones (internacionalista y nacionalista) ya se encuentra en el centro del Manifesto Pau-Brasil [Manifiesto Palo Brasil], 1924, de Oswald de Andrade, en el que el autor resuelve el problema de la tensión entre la cultura civilizada e intelectual del colonizador y la nativa y primitiva del colonizado, mediante un "acuerdo armonioso que se produciría en la realidad gracias a un proceso de asimilación espontánea entre 'la selva y la escuela' ", como notó Benedito Nunes.

Si en 1928 el escritor no abandona completamente ese ideal utópico de síntesis entre el modelo europeo y la experiencia de lo primitivo, le añade, sin embargo, el primitivismo como arma crítica selectiva, en la imagen del salvaje que devora y asimila sólo lo que le interesa, destruyendo todo lo demás. Proclama - contra todas las "catequesis", todos los importadores de conciencia enlatada, el Padre Vieira, las elites vegetales, la verdad de los pueblos misionarios, el indio de tocheiro [indio de antorchero], Anchieta, Goethe, la corte de don João VI y, por fin, la realidad social, vestida y opresora - la "realidad sin complejos, sin locura, sin prostitución y sin penitenciarías del matriarcado de Pindorama".1 Pues, si es inevitable la asimilación de las conquistas de la civilización moderna, es necesario que el brasileño se eleve a la cultura "siempre que conserve las cualidades bárbaras de las orígenes salvaje y africana", como observó Mário Pedrosa.

Se nota que Oswald de Andrade ejerce ese mismo procedimiento antropofágico al convertir el estigma de caníbal en cualidad, afirmándolo positivamente como constituyente de la esencia brasileña sin represión. Naturalmente no es el primero en utilizar la imagen del antropófago. Ésta es corriente en la literatura europea de los años 1920, valorizada sobre el telón de fondo del redescubrimiento de las culturas primitivas de África, América y Oceanía por las vanguardias artísticas. La temática del canibalismo está presente en autores tan diversos como el poeta futurista Filippo Marinetti, el pintor surrealista Francis Picabia, que edita su revista Cannibale en 1920, el poeta Blaise Cendrars, entre otros. Seguramente el autor dialoga con el movimiento europeo, pero confiere originalidad a la imagen cuando la convierte en metáfora de un procedimiento creativo, activo y crítico, generador de un arte brasileño moderno y autónomo.

En el caso de Tarsila do Amaral, el procedimiento poético y su pintura, nombrada antropofágica (1928 - ca.1929) - que además de Abaporu [Antropófago], comprende también O Ovo [Urutu], 1928 [especie de serpiente], A Lua, 1928 [La Luna], Floresta, 1929 [Selva], Sol Poente, 1929 [Sol Poniente], Antropofagia, 1929, entre otras, y de la que A Negra, 1923 [La Negra] es considerada precursora -, se caracteriza por la "desarticulación de la forma constructiva" mediante el sumergimiento en la "materialidad cultural" brasileña. Sin olvidarse del aprendizaje moderno de reducción formal y planificación del espacio pictórico, la artista crea, mediante el uso estilizado de formas redondeadas y colores emblemáticos (sobre todo tonos fuertes de amarillo, verde, azul, naranja y morado), un alegre universo "salvaje" que se conecta con un mundo onírico, mágico (de las leyendas indígenas y africanas), primitivo, profundamente arraigado en la cultura popular brasileña. Sin embargo, vale recordar, siguiendo la argumentación de Sônia Salztein, que la fase "antropofágica" de Tarsila no debe considerarse como simple ilustración de una teoría. Su propio desarrollo artístico la habría conducido a ese momento de relación crítica con el aprendizaje francés, de cierta manera anteviendo plásticamente la plataforma antropofágica de Oswald de Andrade.

A partir de los años 1930, con el agravamiento de la situación económica y social debido a la quiebra de la Bolsa de Nueva York en 1929 - de la que Oswald de Andrade es una de las víctimas - y la instauración del periodo de gobierno de Getúlio Vargas (1930-1945), la cuestión de lo "moderno" como tensión entre nacional e internacional toma otros rumbos, siendo discutida en términos diversos, al menos hasta fines de los años 1960. Oswald reniega el "sarampión antropofágico" durante los años 1930, volviendo a él sólo a finales de la década de 1940. La idea de antropofagia como procedimiento estético sólo es conscientemente retomada a mediados de los años 1960, con el montaje de la pieza O Rei da Vela [El Rey de la Vela], por el Teatro Oficina, y por el movimiento tropicalista de 1967-1968. La institucionalización de ese concepto se da en 1998, cuando la 24ª Bienal Internacional de São Paulo es organizada, de manera discutible, según el tema "Antropofagia e Historias de Canibalismo", proponiendo la construcción de otra historia mundial del arte, es decir, una historia que adoptara un punto de vista no-eurocéntrico. Se propone, entonces, la actualización y, curiosamente, la internacionalización de la antropofagia de Oswald de Andrade.

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